Lustige Reime suchen verliebten Künstler – Rimas divertidas buscan artista enamorado

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Mein Kinderbuch “Khelang, das Elefantenmädchen”, sucht eine/n Ilustrator/in.

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Mi libro infantil “Khelang, la elefantiña” (escrito en alemán) busca un/a ilustrador/a.

Lee el texto completo en mi blog en alemán

O escucha la cancion del coro de los elefantes, das Elefantenchorlied

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Cuerpo, deseo y dolor

La portada del libro »Lo que mueve tu cuerpo« muestra una mano a punto de coger una manzana roja y brillante. Pero, ¿qué tiene que ver esa imagen con el aparato locomotor?

Nuestro aparato locomotor nos mueve por loa vida. Como mamíferos que somos, tan dependientes de nuestros progenitores en los primeros años de vida, hemos de aprender a indenpendizarnos poco a poco. En primer lugar, las necesidades básicas nos motivan para ponernos en movimiento. Así,  el hambre y la sed nos llevan a gritar, a extender las manitas y a girar la cabezita, buscando ese pecho materno que huele tan bien. Seguimos creciendo, y empezamos a percibir cosas interesante, de colores brillantes. Nace el deseo de tocarlas, de lamerlas, de descubrirlas. Ya no es suficiente con estar tumbado boca arriba. Aprendemos a voltearnos, luego a gatear y, más o menos al año de vida, a caminar. Y así, cada vez nos adentramos más en el mundo que nos rodea.

Ese desarrollo motriz y el desarrollo del aparato locomotor, ¿en todas las personas se parecen?

Existen muchas diferencias individuales. Es habitual que unos niños gateen o caminen antes que otros o unas personas tengan los huesos y músculos más resistentes mientras otras hayan nacido con tejidos más delicados. Hasta las lesiones »congenitas«, como, por ejemplo, un pie cavo o una deformación lateral de la columna vertebral (escoliósis), pueden evolucionar de una u otra manera con el paso del tiempo, y debido a los factores más variados.

¿Cuáles son los factores que inciden en en nuestro desarrollo motriz?

Crecemos, las aprendizajes motrices van de la mano de aprendizajes mentales y emocionales. Por eso es más indicado hablar del desarrollo psico-motriz. Nuestro cuerpo descubre el mundo mediante los sentidos. A la vez, graba todas las experiencias para que puedan guiarnos por la vida. Los genes están ahí, pero hoy se sabe que durante el embarazo no sólo pueden ser modificados por factores ambientales, como la alimentación o el estrés, o, para nombrar un ejemplo extremo, la radioactividad. También las influencias sociales y relacionales provocan respuestas metabólicas, hormonales y químicas, potencialmente capaces de modicifcar la información genética. Los deseos que promueven nuestra evolución como personas no sólo surjen de necesidades básicas, como saciar la sed o sentirse protegido. La curiosidad, por ejemplo, que es un fuerte motor para el desarrollo psicomotriz, tiene muchas facetas emocionales y mentales.

¿Podemos conocernos mejor por medio de nuestro aparato locomotor?

El aparato locomotor refleja de manera inmediata cómo nos movemos por la vida. El esqueleto representa nuestro núcleo firme y estable; las articulaciones expresan la coherencia del »Yo« y los músculos contienen el ser y lo relacionan con su entorno. Para tomar contacto con las propias emociones puede ser de gran ayuda sentir el estado de tensión muscular. Los músculos son, junto con la piel, la componente más »palbable« de nuestro cuerpo. Son los responsables de organizar nuestra postura en el espacio y nuestros movimientos. Sea andando deprisa o paseando, encogiendo los hombros o soltándolos: todos los gestos, posturas y movimientos expresan una actitud interior y contienen las emociones que han ido modelando esta actitud.

¿Nuestra forma de ser se ve reflejada en el conjunto de la musculatura?

Wilhelm Reich, discípulo de Freud, pionero de la Terapia Sexual y perseguido en muchos países, creó el concepto de la »coraza carácterial«, o »coraza caráctero-muscular«. Para Reich, el carácter consiste en una alteración crónica del »Yo«, y es la suma de todas las reacciones de defensa que surgieron en respuesta a nuestro entorno. Llegamos a este mundo con el impulso biológico de satisfacer nuestras necesidades inmediatamente. Pero, en seguida, se nos enseña a seguir reglas, a posponer nuestra satisfacción para obtener amor y, para evitar sanciones, a reprimir las reacciones provocadas por emociones como el miedo, la tristeza o la cólera. En consecuencia, los propios impulsos, y las emociones que los desencadenan, se viven como una amenaza y surge la necesidad de reprimirlos. Ese acto de auto-represión se graba en nuestro organismo. No sólo en el cerebro sino que también en los órganos internos, en el Sistema Nervioso, en las glándulas hormonales, etcétera. Y, de la forma más visible, se expresará por medio de la rigidez muscular que, a la vez, indica una movilidad psiquica disminuida y una falta de capacidad de contacto con las vivencias emocionales dolorosas.

¿Por qué recuerda este cuerpo que tenemos todas las experiencias emocionales?

No es que tengamos un cuerpo, somos un cuerpo y tenemos una memoria corporal. Descubrimos el mundo mediante los sentidos: el olfato, el gusto, el oído, la visión y el tacto. Y también la propiocepción, que recoge la información sobre nuestra posición corporal en relación al espacioNuestras experiencias y vivencias nos indican un camino por la vida, y cometemos el error de creer que ese camino nuestro es el único que existe, hasta que nos damos cuenta de la diversidad de opciones que existen. El carácter, en ese sentido, es como una serie de carteles y semaforos que nos impiden conocer el mundo libremente y de acuerdo con nuestras auténticas necesidades.

¿Cómo podemos reconocer las rigideces del propio carácter?

Hay mucha información del entorno que nos llega, y es correspondida, a un nivel inconsciente. Asimismo, las creencias y actitudes más profundas son las que hemos asimilado en el útero de nuestra madre y durante los primeros años de la vida. Por todo ello, puede resultar muy difícil reconocer las rigideces del propio carácter. Un primer paso sería tomar contacto con el propio cuerpo soltando y profundizando la respiración. Respirando tranquilamente, nos relajamos y nos damos tiempo y espacio para sentirnos con mayor facilidad. Luego -sea el Yoga, el Tai Chi, la Antigimnasia, el Feldenkrais u otras-  todas las terapias corporales, que ponen enfásis en la respiración y en la percepción corporal, ayudan a sentir las propias zonas rígidas. No obstante, el carácter ante todo tiene una función protectora y se defenderá con uñas y dientes. Por ello, es casi imposible saltar la propia sombra. Necesitamos un estímulo exterior, una mano que se nos tiende, una voz empática que hace una pregunta que tal vez no se nos hubiera ocurrido, para conseguir que nuestro carácter baje las defensas y nos deje promover cambios que reblandezcan su coraza.

La medicina alopática y la fisioterapia suelen dejar de lado la incidencia del carácter en la salud…

La medicina alopática, tradicionalmente, veía la enfermedad como la expresión de una disfunción orgánica, física. Desde luego, las instituciones de salud pública no dejan margen para una medicina integral que tenga en cuenta la persona como ser entero. Pero, de un tiempo a esta parte, la ciencia está empezando a reconocer la importancia que tiene nuestro equilibrio emocional para el proceso de curación. Un ejemplo son los equipos de investigación en el campo de la psiconeuroinmunología, que estudian la interacción entre los procesos psíquicos, el Sistema Nervioso, el Sistema Inmunológico y el Sistema Endocrino del organismo humano. Otro ejemplo es la Terapia del Dolor, que actúa cuando un dolor físico ha persistido durante varios meses y se ha vuelto crónico.  Reúne profesionales de campos tan variados como la ortopedía, le neurología, la psicoterapia, la fisioterpia y la ergoterapia.

¿Qué es el dolor crónico?

Desde el punto de vista clínico, se diferencia entre el dolor agudo y el dolor crónico. El dolor agudo suele avisar de que algo no funciona bien. Según donde surja, puede indicar que se ha roto un ligamento o menisco, que el estómago padece de acidez o, por ejemplo, que el riñon está inflamado. Si cede cuando la lesión se ha curado, la persona afectada tiene una vida emocional equilibrada. Si persiste a pesar de la recuperación funcional, y se convierte en un dolor crónico, muy probablemente indica una carencia de contacto y la necesidad inconsciente de liberarse  de un bloqueo emocional. En ese sentido, el dolor puede ser una oportunidad. Puede apuntar a una posibilidad de apertura y de cambio.  Sin embargo, la angustia, la tristeza y la cólera subyacentes pueden resultar muy difíciles de soltar.

¿Existe un relación entre dolor y carácter?

Hay una serie de trabajos muy valiosos que analizan la relación entre determinadas afecciones de la salud y los patrones caracteriales. Entre los clásicos están “La somatosicodinámica”, del neuropsiquiatra italiano Federico Navarro; “La enfermedad como camino”, de Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke; o, ya más enfocado en el aparato locomotor, “El cuerpo tiene sus razones”, de Thérèse Bertherat.  Desde luego, nuestro cuerpo nos habla mediante la enfermedad y el dolor. Nos dice: »Hasta aquí hemos llegado. A ver si te dedicas tiempo a tí mismo de una vez y les haces caso a tus auténticas emociones y necesidades, a tu »Yo« auténtico.« En ese sentido, el dolor es un intento inconsciente de reblandecer la coraza carácterial, y según el tipo de rigidez puede verse afectada una estructura u otra.

¿Todas las personas vivimos el dolor de la misma manera?

Naturalmente, cada persona vive el dolor a su manera. Sin embargo, en general, el dolor crónico expresa que el »Yo« no se vive con confianza, que no existe una seguridad o estabilidad básica en relación al propio »Yo«, ni tampoco la sensación de poder quedarse intacto interiormente o de no correr el riesgo de romperse. A la vez, la vivencia del dolor es influenciada por la propia afectividad y la forma de vivirla, por la calidad de la relación con el propio »Yo« y con otras personas y por la situación social. Ello se ve corroborado por lo que sabemos sobre las funciónes cerebrales. El córtex cínguli, por ejemplo, aumenta su actividad cuando sentimos una emoción vital y básica que se refiere al propio yo y a la relación con otras personas.  Es un área cerebral que recuerda tanto la angustia, la cólera y la tristeza como la alegria(¡de vivir!), y también el dolor físico. Ello explica también el hecho de que no necesariamente exista una relación causal entre el daño tisular, o la lesión, y la localización y la calidad del dolor.

El libro “Lo que mueve tu cuerpo”, ¿por qué se centra en el aparato locomotor?

La comprensión de la relación entre determinadas afecciones de la salud y el carácter se basa en la observación empírica.  Quien trabaja en Medicina laboral, o en un servicio de rehabilitación de una Mutua, verá a muchas personas con la misma afección, con dolores lumbares o cervicales, con hombros dolorosos o codos inflamados, etcétera. El comportamiento ante la enfermedad de las personas refleja su forma de ser. Y existen paralelas, rasgos de carácter, que se repiten en personas con la misma clase de afección. El hecho de que las personas que más sufren de dolor sean las que peor pronóstico tienen es un fuerte motivo para plasmar esa experiencia empírica en un libro, ofrecer herramientas de autoayuda y animar a dar el primer paso, a reconocer la necesidad de ir más allá de lo puramente físico. En ese sentido, la manzana roja y brillante simboliza el equilibrio emocional, la alegría de vivir, la felicidad. Es preciso extender la mano, poner empeño, e incluso buscar ayuda y…, ¡hay que atreverse a darle un gustoso mordisco!

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