Der Löwe an der Macht ´*`´*`´*`´`*´El león en el poder

El león en el poder

Su apariencia impresionante y su fuerza le han proporcionado el título de “Rey de los animales”. Pero el león es un ser que no ambiciona reino ni trono.  Es social, y vive en manada. Habitualmente, dos o tres animales machos protegen a la doble cantidad de hembras y a sus críos. Para asegurar el abastecimiento  de carne fresca, esa comunidad precisa hasta cuarenta kilómetros cuadrados por miembro adulto. Y expela a la descendencia masculina una vez que ésta ha alcanzado la madurez sexual. El desterrado se vuelve solitario. Merodea, tal vez se una con otros leones machos y no tiene coto de caza ni respeta los límtes de los cotos de caza de otros. Un día, sin embargo, se enfrentará al líder anciano de una manada. Las garras, los dientes y la fuerza física serán las armas en esa pelea de león a león que puede acabar siendo mortal. El vencedor gana la vida sencilla en una comunidad de leones. Una vida que anhela a cualquier precio.

El león con flotante melena es un símbolo popular de los soberanos humanos. Aun así, nuestros monarcas y jefes de estado suelen ser mucho más exigentes que el rey de los animales. La mayoría de las sociedades humanas se carcteriza por el desproporcionado poder de unos pocos sobre una gran mayoría. Además, el complejo cerebro humano tiende a relacionar el poder con la avidez por cosas que no se necesitan para vivir bien. Así, nuestra especie no sólo mata para sobrevivir, o para asegurarse de la persistencia de sus genes. En vez de vivir al día, como lo hace el Rey León, crea armamento cada vez más sofisticado y malgasta su inteligencia, supuestamente tan superior, en edulcorar las más diversas formas de crueldad. Es más, el hombre ha inventado la guerra. Y la guerra destruye la comunidad y expolia la vida de su valor. Se cobra un precio que el león jamás pagaría.

 

Der Löwe an der Macht

Seine imposante Erscheinung und seine Kraft haben ihm zum Titel „König der Tiere“ verholfen. Doch der Löwe ist ein Wesen, das weder Königreich noch Thron für sich beansprucht. Er ist sozial und lebt im Rudel. Meist schützen ein bis drei männliche Tiere etwa doppelt so viele Weibchen und deren Kinder. Um die Versorgung mit frischem Fleisch zu sichern, benötigt diese Gemeinschaft ein Revier von bis zu vierzig Quadratkilometern pro erwachsenem Mitglied. Und sie vertreibt den männlichen Nachwuchs, wenn er mit zwei bis drei Jahren geschlechtsreif  ist. Der Ausgestoßene wird zum Einzelgänger. Er streunt umher, schliesst sich vielleicht mit anderen Löwenmännern zusammen und hat weder ein Revier noch achtet er die Reviergrenzen anderer. Eines Tages jedoch wird er sich einem alten Rudelführer stellen. Pranken, Zähne und Körperkraft werden die Waffen sein in diesem Kampf von Löwe zu Löwe, der tödlich enden kann. Der Sieger gewinnt ein einfaches Leben in einer Löwengemeinschaft. Ein Leben, nach dem er sich um jeden Preis sehnt .

Der Löwe mit wallender Mähne ist ein beliebtes Symbol menschlicher Herrscher. Doch unsere Monarchen und Staatsoberhäupter sind oft weitaus anspruchsvoller als der König der Tiere. Die meisten der vom Menschen gebildeten Gesellschaften zeichnen sich durch die unverhältnismäßige Macht Weniger über eine große Mehrheit aus.  Zudem neigt das komplexe menschliche Gehirn dazu, Macht mit der Gier nach Dingen zu verbinden, die man nicht braucht um gut zu leben.  So tötet unsere Spezies nicht nur, um zu überleben oder den Fortbestand ihrer Gene zu sichern. Und anstatt in den Tag hinein zu leben, wie es König Löwe tut, schafft sie immer ausgefeiltere Waffensysteme und verschwendet ihre vermeintlich so überlegene Intelligenz darauf,  verschiedenste Arten der Grausamkeit schönzureden. Mehr noch: der Mensch hat den Krieg erfunden. Und Krieg zerstört die Gemeinschaft und raubt dem Leben jeden Wert. Er fordert einen Preis, den der Löwe niemals zahlen würde.

Quelle/ Fuente: Wikicommons
Autor: Rembrandt Harmenszoon van Rijn

Flores frescas- Frische Blumen

Flores frescas

Me había retirado. Hace meses ya que no escribo aportaciones para este blog.

Han brotado ideas fescas. Vuelvo, y traigo una nueva especie de “Flores para otro mundo”: textos más breves que hablan del ser humano y de los animales. Se publicarán en dos idiomas: no sólo en Español, sino que también en Alemán.

 

Frische Blumen

Ich hatte mich zurückgezogen. Schon seit Monaten schreibe ich keine Beiträge mehr für diesen Blog.

Frische Ideen sind gesprossen. Ich komme zurück, und bringe eine neue Art der „Blumen für eine andere Welt“ mit: Kürzere Texte, die von Mensch und Tier erzählen. Sie werden in zwei Sprachen erscheinen: nicht nur auf Spanisch, sondern auch auf Deutsch.

El legado de Leetso

La herencia nuclear en el país de los Navajos

Entering Navajo Nation dice un cartel de carretera entre Farmington y Window Rock, en el país de las cuatro esquinas donde lindan Arizona, Colorado, Nuevo México y Utah. Entrando en la Nación de los Navajo, el pueblo indígena más numeroso de EE.UU, ya apenas se ven casas de piedra. Tampoco hay avenidas al estilo del salvaje oeste, que caracterizan muchas aldeas y ciudades en otras partes del suroeste estadounidense. En lugar de ello, se abre un extenso vacío. Humildes hogares resisten a sol y viento en llanuras desprotegidas y, aquí y allá, una casa remolque o de madera se acurruca en las faldas de una formación rocosa intrépida. A menudo, una caravana o un tráiler acompañan las viviendas solitarias. Y al lado del corral de ovejas aparcan coches veteranos y todoterrenos más jóvenes dando fe de que varias generaciones habitan el recinto.

“Los Navajo son amantes de la belleza del paisaje y de las buenas vistas. Encuentran extraña la afición del hombre blanco por las viviendas ostentosas”, relata Tony Hillerman, un escritor de novelas policiacas galardonado con el Premio para para los Amigos especiales de los Dineh. “Dineh” es el nombre original de los de los Navajos. Quiere decir “pueblo de humanos”, y también comprende el modo de vivir y pensar, así como el idioma, de esa tribu conocida en el mundo por su arte de la joyería. Diné Bikéyah (“El país de los Dineh”) es la más extensa de las reservas indias de EE.UU.  Se extiende por unos setenta kilómetros cuadrados de la Meseta del Colorado, del Gran Cañón al norte hasta Arizona Central en el sur. Alberga alrededor de doscientos cincuenta mil personas, e incluye la reserva de los Hopi con unos doce mil individuos. Uno de sus paisajes más emblemáticos es el Valle de los Monumentos, donde John Wayne, la famosa estrella vaquera de Hollywood, cabalgaba sembrando el odio contra los nativos americanos.

  Los guías de viaje recomiendan tomar cuatro litros de líquido al día en las tierras áridas de la Meseta del Colorado, donde las montañas cubiertas de nieve se consideran sagradas, pues la nieve es agua, y el agua trae bienestar. A pie de carretera, antiguos puestos de comercio aguardan al viajero. Y forman parte del paisaje numerosas ruinas milenarias, aun habitadas del espíritu de los Anazasi, posibles antepasados de los Hopi y de los Dineh.   El legado histórico salta al ojo en todas partes, y desvía la atención de otro tipo de herencia del pasado. Así, detrás del popular hotel de carretera Cameron Trading Post se esconde una planta de reciclaje de uranio abandonada. Y algo aparte del camino de tierra que atraviesa el monumento nacional Wupatki, una región de cerca de dos mil seiscientos yacimientos arqueológicos, se hallan pozos de minas de uranio abandonados. Son parte de los más de mil pozos abandonados que la ONG Forgotten Navajo People (“Pueblo Navajo olvidado”) ha contado en la zona. Y se suman a los alrededor de tres mil pozos perforados en busca de uranio en el Monumento de la Naturaleza del Cañón de Colorado, donde el Gobierno estadounidense puso en moratoria la apertura de nuevas explotaciones a partir 2012,  quedándose las minas ya existentes en el Parque Nacional exentas de la veda.

Ya a principios del siglo veinte, Marie Curie usaba el radio proveniente de la Meseta del Colorado para sus investigaciones. Algo más tarde, en los años cuarenta del mismo siglo, la minería masiva llegó a la región con el Proyecto Manhattan, que perseguía el fin de construir la bomba atómica antes de que lo hicieran los nacionalsocialistas alemanes. No hubo audiciones públicas ni medidas de protección medioambiental o de seguridad y, entre 1944 y 1986, la Peabody Coal Company  y otras compañías energéticas extrajeron cerca de cuatro millones de toneladas de uranio de las tierras de los Dineh. El Gobierno estadounidense, como cliente solvente y poderoso, fomentaba la explotación, declarando la región finalmente como Área Nacional de Sacrificio (National Sacrifice Area) a principios de los años 1980.

 “Llegaron, y empezaron a excavar sin decir nada. Y nunca pidieron permiso,” recuerda Elsie Tohannie. La anciana Dineh vive en Black Falls, una región particularmente contaminada. La alta radiactividad en la zona no sólo se debe a los más de cuarenta años de explotación minera. También es consecuencia de los ensayos nucleares en los desiertos de Nevada y Nuevo México a partir de 1945, que produjeron una extensa caída de cenizas radiactivas. Y del derrame del molino de uranio de la United Nuclear Corporation en Church Rock, en 1979, que junto al accidente en la central nuclear de Three Mile Island se considera el desastre nuclear más grave de la historia de EE.UU. 

A mediados del siglo veinte, el bajo índice de cáncer entre los Dineh fue objeto de un artículo científico titulado “La Inmunidad contra el cáncer entre los Navajo”. A día de hoy, no obstante, muchos miembros de la tribu han muerto víctimas del cáncer. Y las malformaciones y la muerte prematura de niños recién nacidos, así como las enfermedades renales, la leucemia y los tumores malignos de los órganos sexuales, superan la media estadounidense. A pesar de ello, el Acuerdo sobre la Recompensa de los Afectados por la Radiación (Radiation Exposure Compensation Act/RECA) sólo incluye a los trabajadores de minas y molinos de uranio y sus descendientes. Otras personas afectadas por la contaminación nuclear se denominan downwinder. Ese término viene a decir “a sotavento” del riesgo nuclear, y hace referencia a la suposición fomentada por la Lobby Nuclear de que la exposición prolongada a dosis relativamente bajas de radiación ionizante no tiene ningún efecto dañino sobre el organismo viviente.

“Para las empresas mineras, los Dineh eran como el canario en el pozo minero”, dice Marsha Monestersky, la secertaria de Forgotten Navajo People. “Cuando empieza a faltar aire, el pájaro se muere primero y toca la retirada.”  Pero la retirada resulta difícil en Diné Bikéyah, porque “allí donde el cordón umbilical está enterrado se encuentra el hogar de la persona”.  Tal vez por ello, los nómadas de antaño permanecen en viviendas a varias millas de la carretera, donde a menudo no hay ni agua ni luz eléctrica. El Río Colorado pasa cerca, pero sus aguas se llevan a ciudades como Las Vegas o Phoenix. Así, alrededor del treinta por ciento de la población de la reserva recurre a fuentes que no están reguladas. Beben su agua aunque sea radiactiva, se la dan al ganado y la usan para regar los campos. Por eso, Ronald Tohannie, el responsable del Proyecto de Agua de Black Falls, lleva agua potable a los hogares alejados. Su camión, que Forgotten Navajo People compró con dinero donado por un grupo eclesiástico de California, tiene una capacidad de unos dos mil litros. “Los amortiguadores sufren mucho,” dice Tohannie, “y a veces el vehículo se avería.” Por eso, arregla coches, y con el dinero que gana cubre los gastos en repuestos y gasolina.

Recién en el 2005, el Gobierno de la Nación de los Navajo prohibió la minería de uranio en sus tierras, donde se habían acumulado alrededor de cien millones de toneladas de basura nuclear. Unos años después, en 2008, la Agencia de Protección Medioambiental de EE.UU (Environmental Protection Agency, o EPA) aprobó un plan de cinco años para limpiar Diné Bikéyah de los residuos radiactivos en cooperación con la Agencia Medioambiental de la Nación de los Navajo (Navajo Nation Environmental Protection Agency, o NNEPA).    Desde entonces, más de ochenta casas contaminadas se demolieron y reconstruyeron, la infraestructura para proveer a la población de agua potable se amplió y se retiraron decenas de miles de toneladas de suelo contaminado. Aun así, la evaluación oficial de las medidas, publicada enero de 2013, concluye que “es preciso seguir la labor por reducir los riesgos medioambientales y de salud”, y que “hacen falta soluciones a largo plazo para los problemas relacionados con uranio que permanecen en el país de los Navajos”.

Dado que el setenta por ciento de los recursos de uranio que siguen sin explotar en el planeta se encuentra en tierras indígenas, la cumbre mundial de pueblos indígenas exige desde hace años la prohibición de la extracción de minerales que contengan uranio en todo el mundo. A día de hoy, las minas de uranio siguen siendo terreno desconocido en el mapa de los riesgos que conlleva la energía nuclear. A menudo, se encuentran en regiones poco pobladas, y se explotan sin ningún tipo de medidas de protección. Pero los pozos, molinos y depósitos desprenden sustancias tóxicas como el radón, que ni se huele ni se ve, y cuando una mina se abandona, los basureros de residuos radiactivos suelen permanecer en el lugar. Una vez extraído el mineral, de la molienda resulta un polvo amarillo que la  industria nuclear bautizó con el nombre Yellow Cake, o “bizcocho amarillo”. Los Dineh, sin embargo, lo llaman Leetso, “mugre amarilla”. Para ellos, Leetso forma parte del monstruo que ven en la energía nuclear. Un monstruo que debe matarse, porque representa “la extrema falta de respeto que muestra la sociedad industrial moderna por aquello que las sociedades indígenas aprecian y cuidan: la Madre Tierra y la Gente-de-cinco-Dedos”. Y Hozho, hacer elecciones constructivas que reafirman la vida, y curan de las intenciones y decisiones destructivas para uno mismo y para los demás.

Coche en el desfile del Western Navajo Nation Fair (Tuba City, Arizona)

Project Pueblo – al servicio de zonas empobrecidas

Project Pueblo es una organización estudiantil y de voluntarios que trabaja para obtener fondos y prestar servicios para zonas empobrecidas. Actualmente, apoya sobre todo el Bennett Freeze Área. Durante más de medio siglo, el así llamado Bennett Freeze prohibía cualquier tipo de obra de construcción en un área de unos 810.000 hectáreas de la Reserva de los Navajos. Viviendas se quedaron se renovar sus techos, y escuelas sin caminos de acceso.  La orden, abrogada por Barack Obama en 2009, debe su nombre al comisario de la Oficina de Asuntos de Nativos Estadounidenses (Bureau of Indian Affairs), Robert Bennett, sobre una región objeto de disputa entre las tribus Navajo y Hopi. Esa región, además, sufre de las consecuencias de la minería de uranio. Project Pueblo copera con Forgotten Navajo People, que lleva luchando contra la injusticia y la pobreza desde hace veinte años.

http://www.projectpueblo.org/

 

Marketing de guerra, venta de ideas

A mediados de septiembre, el informe de los inspectores de la ONU sobre un supuesto ataque con gas Sarín en la localidad de Ghouta, en Siria, estaba pendiente de salir. Estados Unidos y Rusia, no obstante, ya se apresuraron a instar a Damasco a entregar su arsenal de armas químicas a la comunidad internacional. Una semana más tarde, el presidente sirio Bashar al Assad se comprometió a cumplir con el acuerdo promovido por Rusia y Estados Unidos para destruir el arsenal químico de su país. Entre tanto, el ruido mediático ahogaba las voces que dudaban de que fuera el gobierno sirio quien ordenara el ataque con armamento proscrito internacionalmente.  

La amenaza de una guerra de ataque contra Siria promovida por Estados Unidos ha provocado un bombardeo de noticias. Los titulares, que apuntan directamente a las áreas cerebrales responsables del miedo y de la emotividad del receptor, son de fuerte impacto. Se graban en la imagen de la realidad del individuo y, sin que éste se percate de ello, pueden alterar su capacidad de juicio considerablemente. De ese modo, se produce  una dinámica de repetición y propagación masiva. Los interesados en vender el cuento de que Siria es “el malo”, mientras Rusia y Estados Unidos son “los salvadores” sólo tienen que invertir un primer impulso. Y los mass media, en manos de empresas multinacionales al servicio del nuevo orden mundial, son los más dispuestos multiplicadores de ese marketing de ideas. Que es marketing viral, contagioso por basarse en la ansiedad de titulares notorios. Y es marketing de guerrilla por disfrazarse de “información imparcial”a la vez que manipula la psique humana en vez de facilitar un juicio con criterio.

Es cierto que Siria pertenece al grupo de los cinco países que no han ratificado la Convención sobre Armas Químicas. Pero también es un hecho que muchos de los países que la han firmado, y ratificado, siguen disponiendo de  armamento de destrucción masiva de ese tipo. La situación actual, no obstante, resulta difícil de averiguar: el último informe sobre las instalaciones declaradas e inspeccionables en los 189 países firmadores de la Convención se refiere al año 2009.  Lo que sí se sabe es que naciones partes de la convención -como Estados Unidos, Rusia, India, Iraq y Albania- han declarado poseer armas químicas.

Al introducir “arma química” y “producción” en Google aparece un sinnúmero de enlaces relacionados con el ataque de Ghouta, pero no se encuentran índices que aclaren la proveniencia del gas Sarin. Quien procede a la búsqueda en alemán, no obstante, enseguida encuentra un artículo del semanal “Der Focus que nombra la empresa multinacional Monsanto, del grupo Rockefeller, como mayor productor de gas tóxico del mundo. Monsanto, junto a empresas como Dow Chemical y otras, lleva trayectoria como proveedor de armas de destrucción masiva: también produjo el Agente Naranja (Agent Orange), que EE.UU usaron para destrozar selvas y campos durante la guerra de Vietnam. El gas Sarín, por otra parte, fue inventado por científicos que trabajaban para la IG Farben en la Alemania nacionalsocialista, una conglomeración de compañías químicas que también poseía la patente del Zyklon B, el gas tóxico de los campos de concentración alemanes.

A principios de los años 1990, el gobierno estadounidense fue acusado, junto al gobierno británico, de apoyar el programa de armas químicas y biológicas de Irak mediante la venta de productos químicos y de tecnología.Irak, en cambio, ha empleado armas químicas de forma masiva durante la  guerra contra Iran entre 1980 y 1988 según informa la revista “The Non-Proliferation  Review.   Así, el 16 de marzo de 1988, aviones de las fuerzas aéreas iraquíes atacaron la localidad kurdo iraquí de Halabja  con gas mostaza, sarín y otros agentes nerviosos.   Murieron miles de personas, pero la comunidad internacional cubrió la masacre con un velo de silencio. La mayoría de las víctimas eran de origen curdo, un pueblo sin país que no tiene lobby en los gremios internacionales. Por otro lado, Rusia fue acusado de emplear armas quimicas durante la guerra de Chehencia. Y, en 2002,  fuerzas rusas de operaciones especiales emplearon gases tóxicos para  liberar los rehenes de un comando checheno que había ocupado un teatro moscovita.

Evidentemente, sobre todo los así llamados países “desarrollados”, pero también potencia como Rusia o China, disponen de la tecnología y de los medios necesarios para producir armas de todo tipo. La volatilidad de las noticias mediáticas, que borra el recuerdo de guerras y crímenes contra la humanidad pasadas, beneficia ese negocio con la muerte y la crueldad. Y el marketing de ideas, que en occidente ha venido a reemplazar la propaganda bélica de otros tiempos, en un abrir y cerrar de ojos vende una guerra de ataque cruel e inhumana como guerra de defensa limpia y estética, cuyos “daños colaterales” son de menor importancia. Pero ninguna guerra es “limpia”, cada “daño colateral” destroza una vida con sus amores, sus sueños y añoranzas, sus pesares y miedos, y toda guerra destapa las caras más sucias y terroríficas del ser humano, y de la humanidad.


Símbolo de armas químicas de destrucción masiva

 

 


Bombardear por la paz es como follar por la virginidad

Mientras escribo estas líneas, aviones de guerra sobrevuelan mi cabeza. Pero no me encuentro en Siria, ni tampoco en otra zona de guerra del planeta. Estoy en Alemania, cerca de Ramstein, donde se halla la mayor base de las fuerzas aéreas norteamericanas fuera de Estados Unidos.  El estruendo de los pesados transportadores de maquinaria bélica recuerda que estamos a pocas horas de avión de las guerras y conflictos más  ardientes en la actualidad.

Entrando al siglo XXI, la escasez de recursos es inminente y grandes cambios climáticos se anuncian. Europa está trabajando intensamente en su Estrategia Energética para poder cubrir sus necesidades en el futuro. Y Estados Unidos, la potencia militar número uno del mundo, se ve obligado a elevar el límite de endeudamiento una vez tras otra para poder pagar sus facturas.

Las naciones industriales occidentales compiten por el reparto de las riquezas de la tierra con naciones como  Rusia, una superpotencia energética que dispone de las mayores reservas de gas natural del mundo y de la segunda mayor reserva de carbón.  Y con China, una economía emergente con gran potencial de crecimiento. China es el mayor acreedor de Estados Unidos, y su influencia fuera de Asia está creciendo sobre todo en África y Latinoamérica.

Medio Oriente, donde se hallan más del sesenta por ciento de reservas de petróleo del planeta, está siendo azotado por un conflicto bélico tras otro. Tras un ataque con gas Sarín en el barrio de Ghouta, al sureste de Damasco el 21 de agosto, la Guerra Civil de Siria ha encontrado un eco particular en los medios de comunicación.  Grupos que luchan contra el gobierno sirio culpan al presidente Al Assad de la muerte de entre 1300 y 1700 personas por el agente químico, pero los inspectores de la ONU aún no han corroborado la sospecha. Sin embargo, Estados Unidos, con el apoyo de Francia, baraja la posibilidad de un ataque militar contra Siria por haber violado la Convención sobre Armas Químicas. Y, como si de un juego de ordenador se tratara,  políticos occidentales de los colores más variados debaten sobre una intervención militar en el país norafricano.

Rusia ya  ha advertido a Estados Unidos sobre las consecuencias “catastróficas”  de un ataque militar contra Siria para Oriente Medio. La nación de gran diversidad cultural y religiosa posiblemente teme que la chispa del fundamentalismo islámico salte y la desestabilice. China, por otro lado, desea frenar la presencia de Washington en Medio Oriente, y bloquea junto a Rusia posibles sanciones contra el régimen de Al Assad mediante su veto en el Consejo de Seguridad de la ONU.  E Irán, el aliado más cercano de Siria, incrementó el apoyo militar del régimen de Al Assad drásticamente desde el 2012. Y acaba de firmar un acuerdo con éste e Irak para la construcción de un gasoducto de 6.000 kilómetros que atravesará los tres países y Líbano para llegar hasta Europa bajo el Mar Mediterráneo.

La propaganda de guerra que inunda los medios recuerda otro momento en la historia. En marzo del 2003, George W. Bush, entonces presidente de Estados Unidos, tomó el supuesto almacenamiento y desarrollo de armas biológicas de destrucción masiva como pretexto para invadir Iraq. Violó así la Carta de las Naciones Unidas, que prohíbe el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado. Los inspectores del Irak Survey Group, designados por el propio Pentágonoy la CIA, admitieron en su informe final de 2004 que Irak ya había destrozado la mayor parte de su armamento ilegal a mediados de 1991. Bush declaró el final de la Guerra de Irak en mayo de 2003, pero las últimas tropas estadounidenses recién se retiraron del país a finales de 2011.  Hoy, la violencia en Irak sigue causando muerte y desesperación. La invasión de nombre Operación Nuevo Amanecer, que según Bush “liberó el país”,  ha arrojado Iraq en una espiral de violencia.

Actualmente, el reparto de fuerzas en el mundo ya no es el mismo que hace diez años. Así, según informa el canal ruso de noticias en inglés, RT, algunos analistas ya avisan del peligro de una III Guerra Mundial en el caso de que Occidente ataque a Siria. Nadie puede predecir lo que ocurrirá si la comunidad internacional no es capaz de encontrar una solución política del conflicto. Pero una cosa está claro, ya lo decía una consigna contra la Guerra de Vietnam: Bombing for peace is like Fucking for Virginity. Bombardear por la paz es como follar por la virginidad.

Fuente: Wiki Commons