Der Löwe an der Macht ´*`´*`´*`´`*´El león en el poder

El león en el poder

Su apariencia impresionante y su fuerza le han proporcionado el título de “Rey de los animales”. Pero el león es un ser que no ambiciona reino ni trono.  Es social, y vive en manada. Habitualmente, dos o tres animales machos protegen a la doble cantidad de hembras y a sus críos. Para asegurar el abastecimiento  de carne fresca, esa comunidad precisa hasta cuarenta kilómetros cuadrados por miembro adulto. Y expela a la descendencia masculina una vez que ésta ha alcanzado la madurez sexual. El desterrado se vuelve solitario. Merodea, tal vez se una con otros leones machos y no tiene coto de caza ni respeta los límtes de los cotos de caza de otros. Un día, sin embargo, se enfrentará al líder anciano de una manada. Las garras, los dientes y la fuerza física serán las armas en esa pelea de león a león que puede acabar siendo mortal. El vencedor gana la vida sencilla en una comunidad de leones. Una vida que anhela a cualquier precio.

El león con flotante melena es un símbolo popular de los soberanos humanos. Aun así, nuestros monarcas y jefes de estado suelen ser mucho más exigentes que el rey de los animales. La mayoría de las sociedades humanas se carcteriza por el desproporcionado poder de unos pocos sobre una gran mayoría. Además, el complejo cerebro humano tiende a relacionar el poder con la avidez por cosas que no se necesitan para vivir bien. Así, nuestra especie no sólo mata para sobrevivir, o para asegurarse de la persistencia de sus genes. En vez de vivir al día, como lo hace el Rey León, crea armamento cada vez más sofisticado y malgasta su inteligencia, supuestamente tan superior, en edulcorar las más diversas formas de crueldad. Es más, el hombre ha inventado la guerra. Y la guerra destruye la comunidad y expolia la vida de su valor. Se cobra un precio que el león jamás pagaría.

 

Der Löwe an der Macht

Seine imposante Erscheinung und seine Kraft haben ihm zum Titel „König der Tiere“ verholfen. Doch der Löwe ist ein Wesen, das weder Königreich noch Thron für sich beansprucht. Er ist sozial und lebt im Rudel. Meist schützen ein bis drei männliche Tiere etwa doppelt so viele Weibchen und deren Kinder. Um die Versorgung mit frischem Fleisch zu sichern, benötigt diese Gemeinschaft ein Revier von bis zu vierzig Quadratkilometern pro erwachsenem Mitglied. Und sie vertreibt den männlichen Nachwuchs, wenn er mit zwei bis drei Jahren geschlechtsreif  ist. Der Ausgestoßene wird zum Einzelgänger. Er streunt umher, schliesst sich vielleicht mit anderen Löwenmännern zusammen und hat weder ein Revier noch achtet er die Reviergrenzen anderer. Eines Tages jedoch wird er sich einem alten Rudelführer stellen. Pranken, Zähne und Körperkraft werden die Waffen sein in diesem Kampf von Löwe zu Löwe, der tödlich enden kann. Der Sieger gewinnt ein einfaches Leben in einer Löwengemeinschaft. Ein Leben, nach dem er sich um jeden Preis sehnt .

Der Löwe mit wallender Mähne ist ein beliebtes Symbol menschlicher Herrscher. Doch unsere Monarchen und Staatsoberhäupter sind oft weitaus anspruchsvoller als der König der Tiere. Die meisten der vom Menschen gebildeten Gesellschaften zeichnen sich durch die unverhältnismäßige Macht Weniger über eine große Mehrheit aus.  Zudem neigt das komplexe menschliche Gehirn dazu, Macht mit der Gier nach Dingen zu verbinden, die man nicht braucht um gut zu leben.  So tötet unsere Spezies nicht nur, um zu überleben oder den Fortbestand ihrer Gene zu sichern. Und anstatt in den Tag hinein zu leben, wie es König Löwe tut, schafft sie immer ausgefeiltere Waffensysteme und verschwendet ihre vermeintlich so überlegene Intelligenz darauf,  verschiedenste Arten der Grausamkeit schönzureden. Mehr noch: der Mensch hat den Krieg erfunden. Und Krieg zerstört die Gemeinschaft und raubt dem Leben jeden Wert. Er fordert einen Preis, den der Löwe niemals zahlen würde.

Quelle/ Fuente: Wikicommons
Autor: Rembrandt Harmenszoon van Rijn

El legado de Leetso

La herencia nuclear en el país de los Navajos

Entering Navajo Nation dice un cartel de carretera entre Farmington y Window Rock, en el país de las cuatro esquinas donde lindan Arizona, Colorado, Nuevo México y Utah. Entrando en la Nación de los Navajo, el pueblo indígena más numeroso de EE.UU, ya apenas se ven casas de piedra. Tampoco hay avenidas al estilo del salvaje oeste, que caracterizan muchas aldeas y ciudades en otras partes del suroeste estadounidense. En lugar de ello, se abre un extenso vacío. Humildes hogares resisten a sol y viento en llanuras desprotegidas y, aquí y allá, una casa remolque o de madera se acurruca en las faldas de una formación rocosa intrépida. A menudo, una caravana o un tráiler acompañan las viviendas solitarias. Y al lado del corral de ovejas aparcan coches veteranos y todoterrenos más jóvenes dando fe de que varias generaciones habitan el recinto.

“Los Navajo son amantes de la belleza del paisaje y de las buenas vistas. Encuentran extraña la afición del hombre blanco por las viviendas ostentosas”, relata Tony Hillerman, un escritor de novelas policiacas galardonado con el Premio para para los Amigos especiales de los Dineh. “Dineh” es el nombre original de los de los Navajos. Quiere decir “pueblo de humanos”, y también comprende el modo de vivir y pensar, así como el idioma, de esa tribu conocida en el mundo por su arte de la joyería. Diné Bikéyah (“El país de los Dineh”) es la más extensa de las reservas indias de EE.UU.  Se extiende por unos setenta kilómetros cuadrados de la Meseta del Colorado, del Gran Cañón al norte hasta Arizona Central en el sur. Alberga alrededor de doscientos cincuenta mil personas, e incluye la reserva de los Hopi con unos doce mil individuos. Uno de sus paisajes más emblemáticos es el Valle de los Monumentos, donde John Wayne, la famosa estrella vaquera de Hollywood, cabalgaba sembrando el odio contra los nativos americanos.

  Los guías de viaje recomiendan tomar cuatro litros de líquido al día en las tierras áridas de la Meseta del Colorado, donde las montañas cubiertas de nieve se consideran sagradas, pues la nieve es agua, y el agua trae bienestar. A pie de carretera, antiguos puestos de comercio aguardan al viajero. Y forman parte del paisaje numerosas ruinas milenarias, aun habitadas del espíritu de los Anazasi, posibles antepasados de los Hopi y de los Dineh.   El legado histórico salta al ojo en todas partes, y desvía la atención de otro tipo de herencia del pasado. Así, detrás del popular hotel de carretera Cameron Trading Post se esconde una planta de reciclaje de uranio abandonada. Y algo aparte del camino de tierra que atraviesa el monumento nacional Wupatki, una región de cerca de dos mil seiscientos yacimientos arqueológicos, se hallan pozos de minas de uranio abandonados. Son parte de los más de mil pozos abandonados que la ONG Forgotten Navajo People (“Pueblo Navajo olvidado”) ha contado en la zona. Y se suman a los alrededor de tres mil pozos perforados en busca de uranio en el Monumento de la Naturaleza del Cañón de Colorado, donde el Gobierno estadounidense puso en moratoria la apertura de nuevas explotaciones a partir 2012,  quedándose las minas ya existentes en el Parque Nacional exentas de la veda.

Ya a principios del siglo veinte, Marie Curie usaba el radio proveniente de la Meseta del Colorado para sus investigaciones. Algo más tarde, en los años cuarenta del mismo siglo, la minería masiva llegó a la región con el Proyecto Manhattan, que perseguía el fin de construir la bomba atómica antes de que lo hicieran los nacionalsocialistas alemanes. No hubo audiciones públicas ni medidas de protección medioambiental o de seguridad y, entre 1944 y 1986, la Peabody Coal Company  y otras compañías energéticas extrajeron cerca de cuatro millones de toneladas de uranio de las tierras de los Dineh. El Gobierno estadounidense, como cliente solvente y poderoso, fomentaba la explotación, declarando la región finalmente como Área Nacional de Sacrificio (National Sacrifice Area) a principios de los años 1980.

 “Llegaron, y empezaron a excavar sin decir nada. Y nunca pidieron permiso,” recuerda Elsie Tohannie. La anciana Dineh vive en Black Falls, una región particularmente contaminada. La alta radiactividad en la zona no sólo se debe a los más de cuarenta años de explotación minera. También es consecuencia de los ensayos nucleares en los desiertos de Nevada y Nuevo México a partir de 1945, que produjeron una extensa caída de cenizas radiactivas. Y del derrame del molino de uranio de la United Nuclear Corporation en Church Rock, en 1979, que junto al accidente en la central nuclear de Three Mile Island se considera el desastre nuclear más grave de la historia de EE.UU. 

A mediados del siglo veinte, el bajo índice de cáncer entre los Dineh fue objeto de un artículo científico titulado “La Inmunidad contra el cáncer entre los Navajo”. A día de hoy, no obstante, muchos miembros de la tribu han muerto víctimas del cáncer. Y las malformaciones y la muerte prematura de niños recién nacidos, así como las enfermedades renales, la leucemia y los tumores malignos de los órganos sexuales, superan la media estadounidense. A pesar de ello, el Acuerdo sobre la Recompensa de los Afectados por la Radiación (Radiation Exposure Compensation Act/RECA) sólo incluye a los trabajadores de minas y molinos de uranio y sus descendientes. Otras personas afectadas por la contaminación nuclear se denominan downwinder. Ese término viene a decir “a sotavento” del riesgo nuclear, y hace referencia a la suposición fomentada por la Lobby Nuclear de que la exposición prolongada a dosis relativamente bajas de radiación ionizante no tiene ningún efecto dañino sobre el organismo viviente.

“Para las empresas mineras, los Dineh eran como el canario en el pozo minero”, dice Marsha Monestersky, la secertaria de Forgotten Navajo People. “Cuando empieza a faltar aire, el pájaro se muere primero y toca la retirada.”  Pero la retirada resulta difícil en Diné Bikéyah, porque “allí donde el cordón umbilical está enterrado se encuentra el hogar de la persona”.  Tal vez por ello, los nómadas de antaño permanecen en viviendas a varias millas de la carretera, donde a menudo no hay ni agua ni luz eléctrica. El Río Colorado pasa cerca, pero sus aguas se llevan a ciudades como Las Vegas o Phoenix. Así, alrededor del treinta por ciento de la población de la reserva recurre a fuentes que no están reguladas. Beben su agua aunque sea radiactiva, se la dan al ganado y la usan para regar los campos. Por eso, Ronald Tohannie, el responsable del Proyecto de Agua de Black Falls, lleva agua potable a los hogares alejados. Su camión, que Forgotten Navajo People compró con dinero donado por un grupo eclesiástico de California, tiene una capacidad de unos dos mil litros. “Los amortiguadores sufren mucho,” dice Tohannie, “y a veces el vehículo se avería.” Por eso, arregla coches, y con el dinero que gana cubre los gastos en repuestos y gasolina.

Recién en el 2005, el Gobierno de la Nación de los Navajo prohibió la minería de uranio en sus tierras, donde se habían acumulado alrededor de cien millones de toneladas de basura nuclear. Unos años después, en 2008, la Agencia de Protección Medioambiental de EE.UU (Environmental Protection Agency, o EPA) aprobó un plan de cinco años para limpiar Diné Bikéyah de los residuos radiactivos en cooperación con la Agencia Medioambiental de la Nación de los Navajo (Navajo Nation Environmental Protection Agency, o NNEPA).    Desde entonces, más de ochenta casas contaminadas se demolieron y reconstruyeron, la infraestructura para proveer a la población de agua potable se amplió y se retiraron decenas de miles de toneladas de suelo contaminado. Aun así, la evaluación oficial de las medidas, publicada enero de 2013, concluye que “es preciso seguir la labor por reducir los riesgos medioambientales y de salud”, y que “hacen falta soluciones a largo plazo para los problemas relacionados con uranio que permanecen en el país de los Navajos”.

Dado que el setenta por ciento de los recursos de uranio que siguen sin explotar en el planeta se encuentra en tierras indígenas, la cumbre mundial de pueblos indígenas exige desde hace años la prohibición de la extracción de minerales que contengan uranio en todo el mundo. A día de hoy, las minas de uranio siguen siendo terreno desconocido en el mapa de los riesgos que conlleva la energía nuclear. A menudo, se encuentran en regiones poco pobladas, y se explotan sin ningún tipo de medidas de protección. Pero los pozos, molinos y depósitos desprenden sustancias tóxicas como el radón, que ni se huele ni se ve, y cuando una mina se abandona, los basureros de residuos radiactivos suelen permanecer en el lugar. Una vez extraído el mineral, de la molienda resulta un polvo amarillo que la  industria nuclear bautizó con el nombre Yellow Cake, o “bizcocho amarillo”. Los Dineh, sin embargo, lo llaman Leetso, “mugre amarilla”. Para ellos, Leetso forma parte del monstruo que ven en la energía nuclear. Un monstruo que debe matarse, porque representa “la extrema falta de respeto que muestra la sociedad industrial moderna por aquello que las sociedades indígenas aprecian y cuidan: la Madre Tierra y la Gente-de-cinco-Dedos”. Y Hozho, hacer elecciones constructivas que reafirman la vida, y curan de las intenciones y decisiones destructivas para uno mismo y para los demás.

Coche en el desfile del Western Navajo Nation Fair (Tuba City, Arizona)

Project Pueblo – al servicio de zonas empobrecidas

Project Pueblo es una organización estudiantil y de voluntarios que trabaja para obtener fondos y prestar servicios para zonas empobrecidas. Actualmente, apoya sobre todo el Bennett Freeze Área. Durante más de medio siglo, el así llamado Bennett Freeze prohibía cualquier tipo de obra de construcción en un área de unos 810.000 hectáreas de la Reserva de los Navajos. Viviendas se quedaron se renovar sus techos, y escuelas sin caminos de acceso.  La orden, abrogada por Barack Obama en 2009, debe su nombre al comisario de la Oficina de Asuntos de Nativos Estadounidenses (Bureau of Indian Affairs), Robert Bennett, sobre una región objeto de disputa entre las tribus Navajo y Hopi. Esa región, además, sufre de las consecuencias de la minería de uranio. Project Pueblo copera con Forgotten Navajo People, que lleva luchando contra la injusticia y la pobreza desde hace veinte años.

http://www.projectpueblo.org/

 

Marketing de guerra, venta de ideas

A mediados de septiembre, el informe de los inspectores de la ONU sobre un supuesto ataque con gas Sarín en la localidad de Ghouta, en Siria, estaba pendiente de salir. Estados Unidos y Rusia, no obstante, ya se apresuraron a instar a Damasco a entregar su arsenal de armas químicas a la comunidad internacional. Una semana más tarde, el presidente sirio Bashar al Assad se comprometió a cumplir con el acuerdo promovido por Rusia y Estados Unidos para destruir el arsenal químico de su país. Entre tanto, el ruido mediático ahogaba las voces que dudaban de que fuera el gobierno sirio quien ordenara el ataque con armamento proscrito internacionalmente.  

La amenaza de una guerra de ataque contra Siria promovida por Estados Unidos ha provocado un bombardeo de noticias. Los titulares, que apuntan directamente a las áreas cerebrales responsables del miedo y de la emotividad del receptor, son de fuerte impacto. Se graban en la imagen de la realidad del individuo y, sin que éste se percate de ello, pueden alterar su capacidad de juicio considerablemente. De ese modo, se produce  una dinámica de repetición y propagación masiva. Los interesados en vender el cuento de que Siria es “el malo”, mientras Rusia y Estados Unidos son “los salvadores” sólo tienen que invertir un primer impulso. Y los mass media, en manos de empresas multinacionales al servicio del nuevo orden mundial, son los más dispuestos multiplicadores de ese marketing de ideas. Que es marketing viral, contagioso por basarse en la ansiedad de titulares notorios. Y es marketing de guerrilla por disfrazarse de “información imparcial”a la vez que manipula la psique humana en vez de facilitar un juicio con criterio.

Es cierto que Siria pertenece al grupo de los cinco países que no han ratificado la Convención sobre Armas Químicas. Pero también es un hecho que muchos de los países que la han firmado, y ratificado, siguen disponiendo de  armamento de destrucción masiva de ese tipo. La situación actual, no obstante, resulta difícil de averiguar: el último informe sobre las instalaciones declaradas e inspeccionables en los 189 países firmadores de la Convención se refiere al año 2009.  Lo que sí se sabe es que naciones partes de la convención -como Estados Unidos, Rusia, India, Iraq y Albania- han declarado poseer armas químicas.

Al introducir “arma química” y “producción” en Google aparece un sinnúmero de enlaces relacionados con el ataque de Ghouta, pero no se encuentran índices que aclaren la proveniencia del gas Sarin. Quien procede a la búsqueda en alemán, no obstante, enseguida encuentra un artículo del semanal “Der Focus que nombra la empresa multinacional Monsanto, del grupo Rockefeller, como mayor productor de gas tóxico del mundo. Monsanto, junto a empresas como Dow Chemical y otras, lleva trayectoria como proveedor de armas de destrucción masiva: también produjo el Agente Naranja (Agent Orange), que EE.UU usaron para destrozar selvas y campos durante la guerra de Vietnam. El gas Sarín, por otra parte, fue inventado por científicos que trabajaban para la IG Farben en la Alemania nacionalsocialista, una conglomeración de compañías químicas que también poseía la patente del Zyklon B, el gas tóxico de los campos de concentración alemanes.

A principios de los años 1990, el gobierno estadounidense fue acusado, junto al gobierno británico, de apoyar el programa de armas químicas y biológicas de Irak mediante la venta de productos químicos y de tecnología.Irak, en cambio, ha empleado armas químicas de forma masiva durante la  guerra contra Iran entre 1980 y 1988 según informa la revista “The Non-Proliferation  Review.   Así, el 16 de marzo de 1988, aviones de las fuerzas aéreas iraquíes atacaron la localidad kurdo iraquí de Halabja  con gas mostaza, sarín y otros agentes nerviosos.   Murieron miles de personas, pero la comunidad internacional cubrió la masacre con un velo de silencio. La mayoría de las víctimas eran de origen curdo, un pueblo sin país que no tiene lobby en los gremios internacionales. Por otro lado, Rusia fue acusado de emplear armas quimicas durante la guerra de Chehencia. Y, en 2002,  fuerzas rusas de operaciones especiales emplearon gases tóxicos para  liberar los rehenes de un comando checheno que había ocupado un teatro moscovita.

Evidentemente, sobre todo los así llamados países “desarrollados”, pero también potencia como Rusia o China, disponen de la tecnología y de los medios necesarios para producir armas de todo tipo. La volatilidad de las noticias mediáticas, que borra el recuerdo de guerras y crímenes contra la humanidad pasadas, beneficia ese negocio con la muerte y la crueldad. Y el marketing de ideas, que en occidente ha venido a reemplazar la propaganda bélica de otros tiempos, en un abrir y cerrar de ojos vende una guerra de ataque cruel e inhumana como guerra de defensa limpia y estética, cuyos “daños colaterales” son de menor importancia. Pero ninguna guerra es “limpia”, cada “daño colateral” destroza una vida con sus amores, sus sueños y añoranzas, sus pesares y miedos, y toda guerra destapa las caras más sucias y terroríficas del ser humano, y de la humanidad.


Símbolo de armas químicas de destrucción masiva

 

 


Bombardear por la paz es como follar por la virginidad

Mientras escribo estas líneas, aviones de guerra sobrevuelan mi cabeza. Pero no me encuentro en Siria, ni tampoco en otra zona de guerra del planeta. Estoy en Alemania, cerca de Ramstein, donde se halla la mayor base de las fuerzas aéreas norteamericanas fuera de Estados Unidos.  El estruendo de los pesados transportadores de maquinaria bélica recuerda que estamos a pocas horas de avión de las guerras y conflictos más  ardientes en la actualidad.

Entrando al siglo XXI, la escasez de recursos es inminente y grandes cambios climáticos se anuncian. Europa está trabajando intensamente en su Estrategia Energética para poder cubrir sus necesidades en el futuro. Y Estados Unidos, la potencia militar número uno del mundo, se ve obligado a elevar el límite de endeudamiento una vez tras otra para poder pagar sus facturas.

Las naciones industriales occidentales compiten por el reparto de las riquezas de la tierra con naciones como  Rusia, una superpotencia energética que dispone de las mayores reservas de gas natural del mundo y de la segunda mayor reserva de carbón.  Y con China, una economía emergente con gran potencial de crecimiento. China es el mayor acreedor de Estados Unidos, y su influencia fuera de Asia está creciendo sobre todo en África y Latinoamérica.

Medio Oriente, donde se hallan más del sesenta por ciento de reservas de petróleo del planeta, está siendo azotado por un conflicto bélico tras otro. Tras un ataque con gas Sarín en el barrio de Ghouta, al sureste de Damasco el 21 de agosto, la Guerra Civil de Siria ha encontrado un eco particular en los medios de comunicación.  Grupos que luchan contra el gobierno sirio culpan al presidente Al Assad de la muerte de entre 1300 y 1700 personas por el agente químico, pero los inspectores de la ONU aún no han corroborado la sospecha. Sin embargo, Estados Unidos, con el apoyo de Francia, baraja la posibilidad de un ataque militar contra Siria por haber violado la Convención sobre Armas Químicas. Y, como si de un juego de ordenador se tratara,  políticos occidentales de los colores más variados debaten sobre una intervención militar en el país norafricano.

Rusia ya  ha advertido a Estados Unidos sobre las consecuencias “catastróficas”  de un ataque militar contra Siria para Oriente Medio. La nación de gran diversidad cultural y religiosa posiblemente teme que la chispa del fundamentalismo islámico salte y la desestabilice. China, por otro lado, desea frenar la presencia de Washington en Medio Oriente, y bloquea junto a Rusia posibles sanciones contra el régimen de Al Assad mediante su veto en el Consejo de Seguridad de la ONU.  E Irán, el aliado más cercano de Siria, incrementó el apoyo militar del régimen de Al Assad drásticamente desde el 2012. Y acaba de firmar un acuerdo con éste e Irak para la construcción de un gasoducto de 6.000 kilómetros que atravesará los tres países y Líbano para llegar hasta Europa bajo el Mar Mediterráneo.

La propaganda de guerra que inunda los medios recuerda otro momento en la historia. En marzo del 2003, George W. Bush, entonces presidente de Estados Unidos, tomó el supuesto almacenamiento y desarrollo de armas biológicas de destrucción masiva como pretexto para invadir Iraq. Violó así la Carta de las Naciones Unidas, que prohíbe el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado. Los inspectores del Irak Survey Group, designados por el propio Pentágonoy la CIA, admitieron en su informe final de 2004 que Irak ya había destrozado la mayor parte de su armamento ilegal a mediados de 1991. Bush declaró el final de la Guerra de Irak en mayo de 2003, pero las últimas tropas estadounidenses recién se retiraron del país a finales de 2011.  Hoy, la violencia en Irak sigue causando muerte y desesperación. La invasión de nombre Operación Nuevo Amanecer, que según Bush “liberó el país”,  ha arrojado Iraq en una espiral de violencia.

Actualmente, el reparto de fuerzas en el mundo ya no es el mismo que hace diez años. Así, según informa el canal ruso de noticias en inglés, RT, algunos analistas ya avisan del peligro de una III Guerra Mundial en el caso de que Occidente ataque a Siria. Nadie puede predecir lo que ocurrirá si la comunidad internacional no es capaz de encontrar una solución política del conflicto. Pero una cosa está claro, ya lo decía una consigna contra la Guerra de Vietnam: Bombing for peace is like Fucking for Virginity. Bombardear por la paz es como follar por la virginidad.

Fuente: Wiki Commons

La meditación y el sueño del ´68

En 1968, los Beatles visitaron el Ashramde Maharishi Mahesh Yogi en Rishikesh,  ciudad también conocida como la Puerta del Himalaya. El grupo de Pop había acudido a un taller de Meditación Transcendental junto a unos sesenta participantes, entre ellos también Donovan, los Beach Boys  y otros músicos conocidos.  Fue la época del movimiento Hippie y del poder de las flores, del concierto de Woodstock y de  la película Easy Rider Un tiempo de aprendizajes revolucionarios,  de cambios profundos y de sueños atrevidos.

Los reportajes en los medios, que mostraban a John, Paul, George y Ringo con collares de flores, posiblemente fueran la primera gran oleada publicitaria a favor de las terapias orientales en occidente. Aun así, en aquellos tiempos de  la música psicodélica y de los viajes con LSD , la opinión pública reaccionó con escepticismo a una práctica mental que venía acompañada de líderes espirituales reencarnados y de rumores de Yoguis que levitan.

Con el tiempo, y conforme más personas se abrieron a experimentar técnicas de meditación, científicos de las universidades más diversas empezaron a interesarse por el tema. De modo que, a lo largo de las últimas décadas, numerosas investigaciones han indicado que la meditación tiene efectos positivos sobre la salud: Es un calmante natural que suaviza la experiencia subjetiva del dolor, y sirve para aliviar la depresión. Reduce la tensión arterial, el riesgo de diabetes  y de  infarto cardíaco. E incluso facilita la producción de anticuerpos, de modo que el sistema inmunológico resulta fortalecido.

Con todo ello, en nuestras latitudes,recién a principios de los años 1990  la imagen pública de la meditación empezó a mejorar. Fue el Dalai Lama,tal vez el líder espiritual más prestigioso del planeta, quien  emprendió una iniciativa que –tal vez sin querer- resultaría ser una estupenda estrategia de marketing. Junto a otros monjes tibetanos, empezó a cooperar con  neurocientíficos norteamericanos para verificar los efectos de la práctica Zen mediante técnicas de neuroimagen. Y, efectivamente: mientras los monjes practicaban el ejercicio diario, su cerebro desarrollaba actividades más allá de lo habitual.  Se incrementaba la emisión de ondas gamma, relacionadas con la agilidad mental y la memoria, y se intensificaba la actividad de las áreas cerebrales responsables de la empatía y de la sensación de felicidad.

Cabe mencionar que la meditación forma parte de las prácticas religiosas más diversas. De hecho, las técnicas meditativas y sus efectos son tan variopintas como las culturas de mundo. Así, los taoístas ejercen los movimientos suaves del Tai Chi para estimular la energía vital (o Chi) y su flujo por todo el cuerpo.  Los cristianos se arrodillan y hablan con dios para sentir su presencia y profundizar la confianza en lo divino. Y los budistas, por ejemplo, se sientan con las piernas cruzadas y centran la mente para buscar la experiencia de la sabiduría más allá del discurso racional.  Por otra parte, un estado meditativo puede surgir espontáneamente,y hasta inspirar ideas brillantes.Por ejemplo, al tomar una ducha, al mirar la puesta del sol o al disfrutar de una subida al monte. Son momentos que inducen la sensación del flow,  o “flujo”, ese estado también surge al meditar habitualmente, y añadiendo ingredientes como una respiración larga profunda  y el abandono a una actitud interior abierta y concentrada a la vez.  

Entrando al siglo XXI, la meditación cada vez  goza de mayor popularidad en occidente. Hoy día, puede desprenderse de las creencias religiosas y del esoterismo.  Y, en un mundo repleto de estímulos y prisas, satisface la necesidad de herramientas para afrontar mejor el estrés.   En consecuencia, más de una técnica de meditación  ha pasado a ser concebida como medida terapéutica para tratar las afecciones más diversas.

Meditando se abre la posibilidad de comunicarse con una fuente interior de energía y aguante. Se facilita la contemplación reflexiva y se entrenan actitudes mentales como la concentración o la empatía, y hasta puede inducirse un estado de éxtasis y placer, el samadhi, o nirvana. Pero los efectos de la meditación no sólo dependen de cada técnica en particular, sino que se producen en el contexto de las ideas y actitudes de quienes la practican. Así, la escuela del sufismo habla de “lidiar con la vida”,  los monjes Shaolin fusionan las ideas de la religión budista con las artes marciales de China y los sijes, o sikhs , por ejemplo, creen que su deber sagrado es defender a los débiles y proteger a los inocentes. Los hindúes, por otra parte, buscan dejar atrás el mundo material y conectarse con Brahman, la esencia de todo, que se encuentra en el universo entero. 

Los hijos de las flores del ´68, pioneros en popularizar las filosofías orientales en occidente,  soñaban con la paz mundial y con el amor libre. Y creían que esa utopía podría hacerse realidad al comunicarse muchos individuos con la mejor parte de su “Yo” mediante la meditación. Cabe duda, no obstante, de si las prácticas meditativas llegan a cambiar la personalidad de las personas, ya que las rigideces del carácter no se reblandecen fácilmente. Para poder modificar las creencias que están inscritas en nuestra coraza del carácter, y vivir tanto el propio ser como el entorno de una forma novedosa, es preciso adoptar puntos de vista que rompan esquemas. Ello supone adentrarse en terreno desconocido y, muy probablemente, necesitamos la ayuda incondicional y el apoyo empático de otros para atrevernos a dar semejante paso. En este sentido, quien se retira a un lugar recóndito, y se dedica a meditar durante toda la vida, tal vez tenga que renacer. Para seguir aprendiendo.



Flor meditativa

Fuente: Wikimedia Commons

La palabra en un mundo virtual

                En otros tiempos, todo el pueblo acudía corriendo para escuchar historias de hadas y dragones y, de paso, enterarse de las últimas novedades, cuando se corría la voz de la llegada del cuentacuentos. Los niños solían sentarse bien juntos en las primeras filas,  y una tensa espera daba volteretas por el aire. Sin apenas respirar, miraban aquel hombre de pico de oro vestido con  ropas curiosas.  Bastaba con la sutil muestra del juglar de querer destoserse, para que hasta los adultos se callaran y el silencio fuera tal que uno escuchaba el pálpito del propio corazón. Una y otra vez, fabulistas y cuentistas reinventaron la realidad a lo largo de los siglos. Algunas palabras se perdieron y otras nacieron. Hoy, los encantadores de serpientes están casi extinguidos  y apenas quedan cuentos para estrenar. Las noches compartidas y llenas de fantasía, que brillaban con la luz del fogón, se han sustituido por pantallas estériles.  Y, a menudo, solitarias. Las palabras valen cada vez menos, y han de recurrir a la imagen para poder persistir. En efecto, nuestra competencia lingüística, la piedra angular de nuestra capacidad de expresión y comprensión tanto verbal como escrita, corre un grave riesgo de extraviarse en el mundo virtual creado por los nuevos medios de comunicación.

                En la última década, el desarrollo de las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) ha dado un salto vertiginoso hacia delante. La televisión tradicional va camino de convertirse en un relicto del pasado, dando lugar a dispositivos tecnológicos que permiten la interacción bidireccional sin límites de tiempo y espacio, como es el caso de Internet  y de los smartphones. Por otra parte, están los videojuegos, las  gameboys y las videoconsolas, cuyas imágenes animadas cautivan a  usuarios cada vez más jóvenes. “El típico adicto a este tipo de juegos, o junkie del joystick, es joven, inteligente y retraído y tiene entre quince y treinta años”, afirman  psiquiatras y psicólogos.  Y es indudable que esta triste realidad forma parte de las causas de las carencias léxicas y expresivas alarmantes de los alumnos, recogidas por los diversos informes PISA.

                Quizás esté mal visto cuestionar el valor de los avances tecnológicos. Al fin y al cabo, son fruto del conocimiento humano y simbolizan la evolución progresiva de nuestra especie. Sin embargo, sólo un número reducido de especialistas sabría construir un ordenador y la gran mayoría de las personas nos limitamos a apretar botones y teclas,  y a consumir lo que ofrece la pantalla. Quizás se considere una exageración augurar que, algún día no muy lejano, el ser humano podría llegar a subsistir sujeta al poder de las máquinas, en una sociedad con rasgos que se asimilan a los cuentos de ciencia ficción más estrambóticos. Pero es evidente que la transparencia de datos personales en el complejo mundo de las TIC no tiene nada que envidiar al Gran Hermano de la novela 1984. Luego, cabe plantear la posibilidad de que el argumento de la película Matrix, hilado en torno a la reducción del individuo a un objeto incomunicado cuyas vivencias son producto de una mentira virtual, podría alcanzar el mismo carácter premonitorio que la obra de George Orwell.

                Nadie puede ignorar los peligros que conlleva el potencial persuasivo de las TIC. La inauguración de diferentes clínicas especializadas  en el tratamiento de la adicción a Internet y a los videojuegos en los últimos años debería encender nuestras luces de alarma y motivar un mayor esfuerzo por el uso equilibrado de las nuevas tecnologías de la comunicación. “Hay jóvenes que no saben cómo hablar con alguien que tienen delante”, explica Keith Bakker, el director de la clínica para los adictos al videojuego de Amsterdam.  Es evidente que el abuso de las TIC  va de la mano del abandono por parte de los padres y de la falta de amigos. Las carencias comunicativas que resultan de esta  situación fácilmente darán pie a una pérdida progresiva de la capacidad comunicativa de la sociedad, que toma su punto de partida en los más jóvenes.

                Ante la preocupación por el futuro del lenguaje, la mirada se fija en las teorías sobre los mecanismos que contribuyen al aprendizaje y a la consolidación de nuestra competencia lingüística  como la condición sine qua non del proceso de nuestra interacción comunicativa. Existen opiniones muy controvertidas sobre este tema, que gira en torno al origen del lenguaje. Noam Chomsky, tal vez el lingüista más citado del siglo XX, representa uno de los puntos de vista más controvertidos.  Parte de la base de que el ser humano dispone de una gramática generativa, es decir, de unos conocimientos innatos sobre las reglas gramaticales y de la composición de palabras y frases. Esta herencia genética, según Chomsky, constituye la estructura básica de todas las lenguas. Otras teorías descartan el factor congénito y ven en la habilidad humana para crear idiomas la lógica consecuencia del pensamiento. Los estudios más recientes, en cambio, ponen un énfasis particular en la interacción social de las personas. Esta última concepción, que incide en la importancia del contacto con otras personas como base imprescindible de la calidad comunicativa verbal y escrita, es un denominador común de todas las teorías. Por consiguiente, un vez más se subraya la importancia que tienen los lazos afectivos para la calidad de nuestras formas de expresión.

Es obvio que las amplias posibilidades que ofrece la fotografía digital fomentan el potencial seductor de los nuevos medios de comunicación. Somos animales ópticos, como afirma el neuropsiquiatra italiano Federico Navarro, ya que un tercio de nuestras vías nerviosas están destinadas a los ojos.  Será por ello que, tan fácilmente, nos quedamos absorbidos por las pantallas que nos rodean y que invaden hasta los espacios más íntimos de nuestras casas. Internet, además de ofrecer imágenes y texto, permite establecer lazos comunicativos inmediatos con personas en cualquier parte del mundo. No obstante, si los contactos en la red no se complementan con una experiencia sensual y sensorial que abarca los cinco sentidos, serán superficiales e insatisfactorios.   En el mundo virtual reina el poder persuasivo de la imagen, poniéndose siempre en un primer plano, mientras que la palabra se queda atrás y, con ella, los aspectos cruciales para la comunicación humana:  el sonido de la voz, los estímulos del entorno, la sensación de  presencia y la cercanía.

                Ojalá sepamos cuidar la calidad de nuestras relaciones  y cultivar la riqueza del lenguaje, este tesoro de la humanidad, que durante mucho tiempo se veía como el producto del afán de compartir conocimiento. Pero no sólo la tecnología trae cambios. Según estudios bastante recientes, el habla no nació con la intención de perfeccionar ideas o inventos, sino del anhelo de atención, cariño y reconocimiento. En tiempos remotos de la edad del hielo, cuando las condiciones de vida eran increíblemente duras, los  hombres habían vuelto de la caza y la presa se había asado y compartido. La  hoguera chirriaba y el momento quería ser compartido, pero carecía de una herramienta de enlace. La necesidad de reafirmar la cohesión del grupo deseaba manifestarse, pero nadie sabía muy bien,  como expresarla. Entonces nacieron las primeras palabras. No expresaban conceptos de gran trascendencia. Sencillamente, representaban una forma bastante eficiente de cuidar las relaciones sociales: charlar un rato.  Porque la esencia de la condición humana necesita nutrirse compartiendo palabras. Tenemos mucha labia.

Un Paradigma del Planeta Feliz

“El mejor medio para hacer buenos a los niños es hacerlos felices”, dijo Oscar Wilde. Pero, ¿qué es la felicidad? A esa pregunta, que desde siempre le preocupa al ser humano, la filosofía ofrece respuestas tan variopintas como las culturas del mundo. Así, ya en la antigua Grecia había posturas muy controvertidas respecto del tema. Mientras Aristoteles describió la felicidad como estado de autorealización ligado a la virtud, Epicuro propuso la búsqueda del placer, sobre todo espiritual. Y los estoicos opinaron que ser feliz supone ser autosuficiente y valerse por sí mismo sin depender de nada ni de nadie. La mayoría de las religiones, por otra parte, promete la felicidad mediante la unión con dios. De ahí que los cirstianos buscan la salvación, los musulmanes eligen el camino del creyente y los hindúes y budistas anhelan el Samadhi.

Con el paso del tiempo, la religión y la filosofía han venido a supeditarse a la ciencia en muchos ámbitos culturales. No es de extrañar, pues, que también la psicología y las neurociencias hayan empezado a estudiar las condiciones para ser, o sentirse, feliz.  En las últimas décadas, los investigadores han observado cuáles son los áreas cerebrales y los mecanismos hormonales relacionados con las emociones positivas, han medido las respuestas del cerebro a determinados estímulos y han realizado numerosas encuestas y experimentos.  Entre sus conclusiones destaca que, siempre y cuando las necesidades básicas estén cubiertas, las vivencias hacen más felices que la riqueza material. No obstante, uno de los pioneros de la Psicología Positiva, Martin Seligman, afirma que el término “felicidad” no es demasiado útil científicamente hablando. En cambio, propone los conceptos de la emoción positiva, la empatía con las personas y la entrega a las acciones que se realizan, así como ser consciente de su significado.  Una visión que ya se veía reflejada en una cita de Wilhelm Reich, psiquiatra y pionero de la sexología en los años 1930: “El amor, el trabajo y el conocimiento son las fuentes de nuestra vida. Deberían también gobernarla.”

Evidentemente, la busqueda de la felicidad es un motor importante de la actuación humana, de modo que incide también en las actividades económicas de una sociedad.  Sin embargo, para definir el grado de prosperidad de una nación, habitualmente se computan el producto interno bruto alcanzado y el crecimiento económico, ambos valores sumamente apreciados por la economía de libre mercado. Pero los tiempos cambian, y en los últimos años han surgido modelos que inlcuyen la felicidad en la lista de los indicadores del progreso. Destaca el Índice del Planeta Feliz (IPF), o Happy Planet Index (HPI), como único modelo que, además, considera la sostenibilidad al analizar el desarrollo de los paises. Califica la relación entre los recursos empleados y la huella ecológica por un lado, y el nivel de bienestar de las personas y la esperanza de vida por el otro. Según el creador del IPF, Nic Marks, el mayor logro de una nación reside en tener éxito creando vidas sanas y felices para sus habitantes, y que ese bienestar integral sea sostenible y posible en el futuro.  Los resultados del estudio, que en 2012 se realizó por tercera vez, da que pensar: en la lista de 152 países, EEUU se quedan en el puesto 115, España en el puesto 72 y Alemania en el puesto 56. Entre los diez primeros, por otra parte, figuran nueve países latinoaméricanos, ocupando Costa Rica el primer puesto por segunda vez consecutiva.

Desde luego, las estadísticas no pueden reflejar la realidad al cien por cien. Su resultado depende tanto del planteamiento de las preguntas como de la elección de los participantes de un estudio. No obstante, la creación del IPF podría marcar el punto inicial de un cambio de paradigma. Tal vez, en un futuro, la sobrevaloración del poder económico podría llegar a sustituirse por un mayor aprecio de la solidaridad, la cooperación y el intercambio. Y la sostenibilidad tan necesaria para hacer posible el bienestar físico, emocional y social a larga plazo podría cobrar la importancia que le corresponde.

A día de hoy, la visión que representa el IPF parece ser una utopía. El colectivo humano, que tan superior se ve a otras especies, aun no ha conseguido focalizar su inteligencia y sus habilidades en superar los problemas políticos, sociales, culturales y medioambientales del siglo XXI.  Todo lo contrario. Cueste lo que cueste, se mantiene el paradigma de la riqueza material como garante del bienestar. Paradójicamente, los omnipresentes esloganes publicitarios ya no describen los productos que alaban sino que hablan de vivencias positivas y divertimiento.

Dicen diversos investigadores que la felicidad se puede aprender.  Pero, ¿Quién nos puede enseñar a ser felices? Podríamos echar un vistazo al reino animal: Los monos Bonobo, por ejemplo, tienen un comportamiento social muy particular. A pesar de que su entorno natural se disminuya cada día por el tamaño de cuatro campos de futbol comparten su comida con extraños. Piden algo a cambio, eso sí: les encantan las caricias y los mimos. Y buscan estrategias para satisfacer ese deseo siempre que puedan. Un proceder inteligente, pues al compartir lo que tienen los monos Bonobo multiplican su felicidad .



Diseño: Matriot
Fuente: Wiki-Commons

Surfing Fukushima

Sitios clásicos de surf, rincones secretos y exquisitos… ¿Quién pensaría en una catástrofe nuclear al leer estas palabras? Aun así, las escribió un desesperado surfista en una carta al Surfers Journal después de que un Tsunami arrollara las costas del norte de Japón, y destrozara gran parte de la central nuclear de Fukushima.  Todavía se recuerdan las imágenes de la explosión de hidrógeno que dieron la vuelta al mundo tras el 11 de marzo de 2011. Y todavía resuena el grito de sorpresa unánime que alzaron políticos y lobbistas en todas partes ante el “inesperado poder de la naturaleza”.  Un exclamo, que fue agua para el molino de los medios de comunicación, que hablaban de “un accidente nuclear inevitable” causado por el “el mayor terremoto jamás registrado en Japón”.

Hablando de terremotos, sacar conclusiones comparativas acerca de su magnitud resulta complicado, ya que los métodos y las medidas para analizar la actividad sísmica se han ido modificando con el tiempo. Asimismo, no es por nada que la palabra “Tsunami” sea de origen japonés. En 1923, por ejemplo, el gran sismo de Kantó, que golpeó Tokio seguido por un Tsunami, destrozó cuatrocientas mil casas y mató a más de ciento cuarenta mil personas.  Y basta con echar un vistazo a la página web de la Agencia Meteorológica de Japón, y a su crónica de sismos, para convencerse de que los temblores de la tierra son habituales en el país nipón.  De hecho, los terremotos y los Tsunamis son tan asiduos que forman parte de la mitología japonesa. Los representa la figura del siluro gigante Namazu, que según se relata vive en el barro debajo de la superficie de la tierra. Como pez gato que es, Namazu se menea mucho. Cada vez que pega un coletazo, la tierra se agita terriblemente, y sólo el dios Kashima, que vela por el monstruo inquieto, puede impedir los temidos temblores. Continuamente, Namazu busca engaitar a Kashima y, en cuanto la deidad se despiste, ya nadie le protege a la gente nipona. Por eso, en Japón las señales de aviso que indican las rutas de evacuación en caso de terremoto llevan la imagen de un siluro.

Hablando del desastre nuclear más reciente, la planta de Fukushima fue diseñada por la empresa estadounidense General Electric pensando en fenómenos meteorológicos que son habituales en EEUU. Por ende, no estaba construida para hacer frente a terremotos o Tsunamis, sino para afrontar tornados y huracanes. La muralla de hormigón que separaba las instalaciones del Océano Pacífico ni siquiera alcanzaba seis metros. El Tsunami provocado por el terremoto del 11 de marzo de 2011, no obstante,  alcanzó más de catorce metros, y arrancó o destrozó las bombas del sistema de refrigeración en cuestión de minutos.  También tiró las puertas de las casas de fuerza abajo e inundó los sótanos donde se encontraban los trece grupos electrógenos de gasoil.  Al instante, doce de éstos quedaron fuera de servicio por un cortocircuito, y ya no se disponía de suministro eléctrico para los sistemas de refrigeración de emergencia. En consecuencia, fallaron otros sistemas, de modo que se produjo una explosión en el edificio del reactor 2, y luego la espectacular explosión de hidrógeno que destrozó los bloques que contenían los reactores 1, 3 y 4. Expertos sospechan que esa última explosión posiblemente podría haberse evitado. Según afirman, el sistema para la regulación de la presión no fue adecuado, ya que las válvulas de los depósitos de seguridad, que habitualmente han de soportar fuertes aumentos de presión, reventaron demasiado pronto.[1]

Según informa Greenpeace, ya durante la fase de construcción del complejo de Fukushima ingenieros japoneses criticaron las deficiencias de los sistemas para controlar el proceso de la fusión nuclear. Sin embargo, por no incrementar gastos, la operadora de las instalaciones, TEPCO (Tokio Electric Power Company), hizo caso omiso a las objeciones de los profesionales. Esa decision de ahorrar en medidas de seguridad seguramente fue favorecida por los convenios de responsabilidad civil por daños nucleares, que protegen a los operadores, los proveedores y los inversores de esta rama de la industria energética. Así, la mayor compañía eléctrica de Asia no disponía de un seguro adecuado para afrontar los costes de la tragedia atómica, que actualmente se estiman en unos 250 mil millones de dólares.  De modo que, a mediados de 2012, TEPCO fue nacionalizada para evitar su bancarrota y, una vez más,  los contribuyentes han de pagar la factura de un accidente atómico.

A día de hoy, y debido a su desastroso estado, la planta de Fukushima Dai-Ichi sigue en estado crítico, y contaminando el medioambiente. Así, a mediados de febrero de 2013, TEPCO informó de que un bacalao largo capturado en la zona contenía 510.000 bequereles de cesio 134 y de cesio 137.  Aunque en Fukushima sólo se liberara un pequeño porcentaje del potencial total, es el nivel más alto de contaminación radiactiva jamás detectado en pescado, y a 5100 veces mayor que los niveles máximos fijados por el gobierno japonés. Estimar la dimensión de las consecuencias de semejante desastre nuclear resulta prácticamente imposible, según afirma el experto en energía nuclear Mycle Schneider.  Lo mismo opina el médico francés Michel Fernex. Refiriéndose al siniestro nuclear de Chernóbil en el 1986, denota que muchos de los afectados ni siquiera han nacido a día de hoy. Los responsables políticos, institucionales y de la industria nuclear, sin embargo, hasta el momento apenas han apoyado las investigaciones sobre los efectos de las dosis bajas de radiación ionizante a largo plazo. De lo contrario, la Escala Internacional de Eventos Nucleares, que sirve para clasificar la gravedad de un accidente atómico, se basa la dimensión del impacto inmediato.

Hoy, en el norte de Japón, no sólo surfear es la memoria de un sueño.  Hay millones de personas que aún viven en zonas contaminadas, y  más de 160.000 refugiados nucleares que nunca volverán a sus hogares, a sus negocios o trabajos, a sus lugares preferidos. Poco se nota de ellos en Europa. Pero, aquí como allá, hay empresas e instituciones que siguen enriqueciéndose del irresponsable manejo del modelo energético más arriesgado que se conoce. Aquí como allá, sigue cuajando el marketing de ideas que vende el mito de la seguridad de la energía nuclear, y la creencia de que ese modelo energético es imprescindible. Tal vez sea así porque la vida gira en torno al consumo de energía en nuestra sociedad de la información. Que también es una sociedad del riesgo global, dispuesta a convivir habitualmente con las crisis ecológicas que provocan los diversos modelos energéticos. Hemos visto más de una vez que el precio del uso de la energía nuclear es impagable. Fukushima lo ha mostrado, al igual que lo muestran los desastres de Chernóbil, de Sellafield, y otros.  Definitivamente, ya es hora de darse cuenta de que la electricidad no sale del enchufe como por arte de magia, y de preguntar por las consecuencias de nuestros hábitos de consumo.  La foto publicada junto a la carta de Fukushima en el Surfers Journal lo recuerda de manera dolorosa. Muestra un surfista dejándose llevar por las deliciosas olas sin preocuparse por la central nuclear a sus espaldas. Sólo falta la famosa canción de los Bee Gees como música de fondo, aunque con letras distintas: Surfing Fukushima.


Kashima controla Namazu
Fuente: Wikimedia Commons

[1] Spektrum Direkt, Fukushima auch in Deutschland?, 30.7.2011, p. 6-10

 

Nota de la autora: Pido perdón por ofrecer tantos enlaces en Inglés, o Alemán. Resulta difícil encontrar alguna información en castellano.

La ilusión del fin de la propia historia

El presente marca el fin de nuestro desarrollo personal. Esa visión limitada, que cada día surge de nuevo,  parece ser una constante en la percepción de muchas personas.  Según un grupo de investigadores de la Universidad de Harvard, que entrevistó a más de diecinueve mil personas de todas las edades, nos resulta difícil prever los cambios de nuestra personalidad en un futuro. El estudio, coordinado por Jordi Quoidbach, planteó preguntas tan sencillas como “¿Cuánto pagarías para ver tu grupo favorito de música?” Comparó de este modo la percepción que los participantes tenían de su evolución durante la pasada década, de su estado en el presente, y de su supuesto desarrollo en la década venidera. Y llegó a la conclusión de que casi todos sucumbimos a la ilusión del fin de la propia historia. Así, hace diez años una persona habría pagado cien Euros para ver a Joe Cocker. Hoy, sin embargo, tan sólo estaría dispuesta a pagar cincuenta. Y dentro de diez años, posiblemente,  ya ni acudiría a su concierto.

Es común tener proyectos, deseos o anhelos, sean el trabajo fijo, el móvil más moderno o la pareja que compagina perfectamente. Pero no solemos preguntarnos si  lo deseado podrá satisfacer a la persona que seremos cuando por fin lo logremos.  Desde luego, sabemos que los gustos y las preferencias cambian a lo largo de los años. Pero nos resulta sumamente difícil predecir las influencias que incidirán en nuestra evolución personal. De modo que la mayoría de los entrevistados creía que, en el futuro, seguiría siendo la misma persona. Respecto del pasado, sin embargo, sí que se solían advertir todo tipo de cambios personales.

Cabe decir que esa incapacidad de prever el desarrollo personal no sólo está sujeta a la capacidad de contacto con el propio ser, o a la dificultad para reconocer las obligaciones y auto-exigencias que inciden en las decisiones que tomamos. También están las influencias sociales y las condiciones económicas. Y, desde luego, los mensajes mediáticos y publicitarios, que a menudo buscan inducir necesidades artificiales. ¿Quién hubiera pensado hace diez años que el precio de la vivienda volvería a bajar tanto? Con la llegada del Euro se había extendido una especie de euforia esperanzadora, e incluso muchos expertos en economía se aferraban a la fe en un crecimiento espectacular. Pero lo que creció fue la burbuja inmobiliaria, y la euforia pasó pronto a convertirse en angustia  colectiva. Tal vez por ello, casi nadie cuestionó  las condiciones descabelladas de los créditos hipotecarios, que llegaban a los cincuenta años de duración, y alcanzaban letras mensuales  imposibles de afrontar a la larga. Por un lado, la Ley de Hipotecas española mantenía bajo el riesgo para los institutos financieros. Por otro lado, para los clientes suponía  un factor de riesgo añadido: aunque el banco se apropiara de la vivienda en el caso de impago de la letra tendrían que seguir  pagando la hipoteca entera.

Sea en lo emocional, sea ante la situación social o económica: las experiencias del pasado son un condicionante fuerte de la actitud ante el presente y el futuro. Y como el miedo tiene una función protectora, y todo ser vivo lucha por sobrevivir, las vivencias que han inducido miedo o angustia tienen un poder particular. Ese mecanismo queda particularmente evidente en los momentos de crisis: una vez metido en el marrón, parece que nunca habrá salida. Sumergido en la desesperación del presente, el pensamiento catastrófico mata toda proyección constructiva, y la angustia ahoga la esperanza. Creándose así un círculo vicioso del que no se escapa fácilmente.

A la vez, toda crisis conlleva el potencial de provocar cambios, y hasta  transformaciones revolucionarias. Pero también podría reforzar la necesidad de mantener el estado actual, y la tendencia de apoyarse en aquello que promete seguridad y constancia porque siempre ha estado ahí.  En la fuerte crisis económica que estamos viviendo, de momento, lo más seguro es que las diferencias entre ricos y pobres seguirán aumentando, y lo más constante son las promesas engañosas de los tomadores de decisión política. Sin embargo, los cambios son posibles. Siempre ocurren, y siempre se promueven, transformaciones de la historia personal y de la historia social y política. La ilusión del fin da propia historia puede impedir que actuemos. Pero, más allá de las limitaciones y más allá del miedo al futuro, hasta podríamos apropiarnos de la historia. O, al menos, tomar un trozo de ella en nuestras manos.

Marea Ciudadana contra el golpe de los mercados

Iniciativa legislativa popular(ILP) de los Afectados por la Hipoteca (PAH)

 

¿Llegará el fin del mundo?

Otra vez más, el fin del mundo no ha llegado. En esta ocasión, una profecía maya apuntaba al pasado 21 de diciembre como momento de su aparición. Motivados por el espectacular anuncio, investigadores de diversos ámbitos  interpretaron los glifos mayas sobre el acontecimiento una y otra vez. Y concluyeron que la predicción no se refiere a un suceso al estilo del juicio final, sino a la vuelta del dios de la creación y la guerra, Bolon Yokte, que marcaría el final de una era y la creación de otra era nueva.

Los descendientes de los mayas aún hoy habitan tierras centroamericanas. Muchos de ellos son miembros del movimiento zapatista por una vida digna y auto-determinada.  Y el pasado 21 de diciembre dejaron claro cómo interpretan el auspicio de sus antepasados. Marcharon en silencio por las cinco capitales regionales de Chiapas, reafirmando así su decisión para luchar por el fin de un mundo que les impide vivir. Su comunicado decía:                                      

¿ESCUCHARON?

Es el sonido de su mundo derrumbándose.

Es el del nuestro resurgiendo.

El día que fue el día, era noche.

Y noche será el día que será el día.

¡DEMOCRACIA!

¡LIBERTAD!

¡JUSTICIA!”

En Palenque, Ocosingo, Altamirano, Las Margaritas y San Cristóbal de las Casas, decenas de miles de personas salieron a la calle. A pesar de la pobreza y la persecución que viven los pueblos indígenas, los zapatistas afirman haber escuchado el sonido de un futuro mejor. Hasta dicen estar mejor ya. ¿Y por aquí? ¿Qué es lo que escuchamos, y cuál es nuestra respuesta ?

El mundo tan complejo que es nuestro hábitat pide una percepción refinada. A la vez, es tan escandaloso que perturba los sentidos. No es de extrañar, pues, que cada vez resulte más difícil orientarse, y que los presagios del fin del mundo gocen de tal popularidad. El fin del mundo llegará, claro está. Algún día dejará de existir nuestro planeta azul. Y en la historia de la tierra la vida humana no será más que un granito de arena. Aun así, seguimos pasando por una transformación tras otra. Seguimos afrontando cambios fundamentales. Seguimos promoviendo revoluciones.

La revolución digital, por ejemplo, conlleva la modificación de nuestras habilidades sensoriales, sociales e intelectuales. Amenaza con el control y la manipulación de nuestras esferas más íntimas y, a la vez, abre nuevas posibilidades de información, de comunicación y de expresión.  Este blog quiere ofrecer un espacio para reflexionar sobre lo que es nuestro mundo, y lo que podría ser. De momento, las entradas serán esporádicas. Tocarán temas de los ámbitos más diversos, como la sociedad, el medioambiente, la ciencia, la salud, el crecimiento personal… y todo lo que (re-)surja.  Espero que te apetzca escuchar el eco de sus reflexiones.


Antiguamente, a la hora de convocar una reunión, los mayas soplaban un caracol.Por ello, hoy, las sedes de las cinco Juntas de Buen Gobierno (zapatista) se llaman “Caracol”.


Te avisaré cada vez que publico una aportación si me lo pides mediante un mail a correo@ruth-baier.info
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