Der Löwe an der Macht ´*`´*`´*`´`*´El león en el poder

El león en el poder

Su apariencia impresionante y su fuerza le han proporcionado el título de “Rey de los animales”. Pero el león es un ser que no ambiciona reino ni trono.  Es social, y vive en manada. Habitualmente, dos o tres animales machos protegen a la doble cantidad de hembras y a sus críos. Para asegurar el abastecimiento  de carne fresca, esa comunidad precisa hasta cuarenta kilómetros cuadrados por miembro adulto. Y expela a la descendencia masculina una vez que ésta ha alcanzado la madurez sexual. El desterrado se vuelve solitario. Merodea, tal vez se una con otros leones machos y no tiene coto de caza ni respeta los límtes de los cotos de caza de otros. Un día, sin embargo, se enfrentará al líder anciano de una manada. Las garras, los dientes y la fuerza física serán las armas en esa pelea de león a león que puede acabar siendo mortal. El vencedor gana la vida sencilla en una comunidad de leones. Una vida que anhela a cualquier precio.

El león con flotante melena es un símbolo popular de los soberanos humanos. Aun así, nuestros monarcas y jefes de estado suelen ser mucho más exigentes que el rey de los animales. La mayoría de las sociedades humanas se carcteriza por el desproporcionado poder de unos pocos sobre una gran mayoría. Además, el complejo cerebro humano tiende a relacionar el poder con la avidez por cosas que no se necesitan para vivir bien. Así, nuestra especie no sólo mata para sobrevivir, o para asegurarse de la persistencia de sus genes. En vez de vivir al día, como lo hace el Rey León, crea armamento cada vez más sofisticado y malgasta su inteligencia, supuestamente tan superior, en edulcorar las más diversas formas de crueldad. Es más, el hombre ha inventado la guerra. Y la guerra destruye la comunidad y expolia la vida de su valor. Se cobra un precio que el león jamás pagaría.

 

Der Löwe an der Macht

Seine imposante Erscheinung und seine Kraft haben ihm zum Titel „König der Tiere“ verholfen. Doch der Löwe ist ein Wesen, das weder Königreich noch Thron für sich beansprucht. Er ist sozial und lebt im Rudel. Meist schützen ein bis drei männliche Tiere etwa doppelt so viele Weibchen und deren Kinder. Um die Versorgung mit frischem Fleisch zu sichern, benötigt diese Gemeinschaft ein Revier von bis zu vierzig Quadratkilometern pro erwachsenem Mitglied. Und sie vertreibt den männlichen Nachwuchs, wenn er mit zwei bis drei Jahren geschlechtsreif  ist. Der Ausgestoßene wird zum Einzelgänger. Er streunt umher, schliesst sich vielleicht mit anderen Löwenmännern zusammen und hat weder ein Revier noch achtet er die Reviergrenzen anderer. Eines Tages jedoch wird er sich einem alten Rudelführer stellen. Pranken, Zähne und Körperkraft werden die Waffen sein in diesem Kampf von Löwe zu Löwe, der tödlich enden kann. Der Sieger gewinnt ein einfaches Leben in einer Löwengemeinschaft. Ein Leben, nach dem er sich um jeden Preis sehnt .

Der Löwe mit wallender Mähne ist ein beliebtes Symbol menschlicher Herrscher. Doch unsere Monarchen und Staatsoberhäupter sind oft weitaus anspruchsvoller als der König der Tiere. Die meisten der vom Menschen gebildeten Gesellschaften zeichnen sich durch die unverhältnismäßige Macht Weniger über eine große Mehrheit aus.  Zudem neigt das komplexe menschliche Gehirn dazu, Macht mit der Gier nach Dingen zu verbinden, die man nicht braucht um gut zu leben.  So tötet unsere Spezies nicht nur, um zu überleben oder den Fortbestand ihrer Gene zu sichern. Und anstatt in den Tag hinein zu leben, wie es König Löwe tut, schafft sie immer ausgefeiltere Waffensysteme und verschwendet ihre vermeintlich so überlegene Intelligenz darauf,  verschiedenste Arten der Grausamkeit schönzureden. Mehr noch: der Mensch hat den Krieg erfunden. Und Krieg zerstört die Gemeinschaft und raubt dem Leben jeden Wert. Er fordert einen Preis, den der Löwe niemals zahlen würde.

Quelle/ Fuente: Wikicommons
Autor: Rembrandt Harmenszoon van Rijn

La golondrina ante el abismo `*´`´*´`*´`*´`*´`*´´*´`*´`*´`*´`*´`*´`*´`*´`*´`*´`*´Die Schwalbe am Abgrund

La golondrina ante el abismo 

La golondrina, cuando abandona su hogar de barro en busca de comida, hace algo que a los humanos nos suele costar mucho. El caso es que el agujero que le abre paso al mundo es muy estrecho. Apenas es mayor que su pequeña cabeza. La golondrina lo ha dispuesto así al construir su casita para protegerse de posibles intrusos. De modo que no puede salir alzándose al cielo con las alas desplegadas. Todo lo contrario. Ha de apretar las alitas firmemente contra su diminuto cuerpo, afanarse por atravesar la puerta de su nido y dejarse caer al abismo. Cae con el pico primero y, sólo una vez que ha cogido carrerilla salvando una buena distancia, despliega las alas y se deja llevar por el viento.

El ser humano, con el fin de mantener alejados a supuestos enemigos, también construye una fortaleza difícil de abandonar. Por miedo a revivir las vivencias dolorosas del pasado creamos una coraza caracterial para suprimir emociones como la rabia, la tristeza, el asco, el miedo o, por ejemplo, el odio. Pero a la vida le gusta llamar a nuestra puerta, por más estrecha que sea. Y, a veces, nos quiere llevar, e  invita a descubrir terreno desconocido. Entonces, el miedo a volver a sufrir nos puede cerrar el paso. El riesgo, en ese caso, consiste en no arriesgarse. ¡Tomemos la golondrina como ejemplo! Una buena dosis de confianza en un@ mism@, y el valor para dejarse caer, pueden permitir el libre vuelo. Para descubrir nuevas perspectivas, y enriquecer la vida.

 

Die Schwalbe am Abgrund

Wenn die Schwalbe ihr Lehmnest auf Futtersuche verlässt, tut sie etwas, das uns Menschen sehr schwer fällt. Denn  das Loch, welches ihr Zugang zur Welt verschafft, ist sehr eng. Kaum grösser als ihr kleiner Kopf ist es. Die Schwalbe hat dies beim Hausbau selbst so eingerichtet, um sich vor möglichen Eindringlingen zu schützen. Deshalb kann sie sich beim Herauskommen nicht mit offenen Flügeln zum Himmel aufschwingen. Ganz im Gegenteil. Sie muss die Flügelchen fest gegen ihren winzigen Körper pressen, sich durch den Ausgang ihres Heimes zwängen und sich in den Abgrund fallen lassen. Sie fällt mit dem Schnabel zuerst, und hat sie dann Anlauf genommen indem sie eine beträchtliche Strecke zurückgelegt hat, entfaltet sie ihre Schwingen und lässt sich vom Wind tragen.

Auch der Mensch baut eine Festung, die schwer zu verlassen ist. Wir fürchten, schmerzliche Erlebnisse der Vergangenheit erneut zu erleben und schaffen einen Charakterpanzer, der Gefühle wie Wut, Trauer, Angst, Ekel oder Hass unterdrücken soll. Doch das Leben klopft gern an unsere Tür, so klein sie auch ist. Und manchmal will es uns mitnehmen und lädt ein, unbekanntes Gebiet zu entdecken. Dann kann die Furcht, von Neuem zu leiden, uns den Weg versperren. In diesem Fall besteht das Risiko darin, nichts zu riskieren. Nehmen wir die Schwalbe als Beispiel! Eine gesunde Portion Selbstvertrauen und der Mut, sich fallen zu lassen, können den freien Flug ermöglichen. Um neue Blickwinkel zu entdecken, und das Leben zu bereichern.

Quelle/Fuente: Wikicommons

 

 

 

 

La meditación y el sueño del ´68

En 1968, los Beatles visitaron el Ashramde Maharishi Mahesh Yogi en Rishikesh,  ciudad también conocida como la Puerta del Himalaya. El grupo de Pop había acudido a un taller de Meditación Transcendental junto a unos sesenta participantes, entre ellos también Donovan, los Beach Boys  y otros músicos conocidos.  Fue la época del movimiento Hippie y del poder de las flores, del concierto de Woodstock y de  la película Easy Rider Un tiempo de aprendizajes revolucionarios,  de cambios profundos y de sueños atrevidos.

Los reportajes en los medios, que mostraban a John, Paul, George y Ringo con collares de flores, posiblemente fueran la primera gran oleada publicitaria a favor de las terapias orientales en occidente. Aun así, en aquellos tiempos de  la música psicodélica y de los viajes con LSD , la opinión pública reaccionó con escepticismo a una práctica mental que venía acompañada de líderes espirituales reencarnados y de rumores de Yoguis que levitan.

Con el tiempo, y conforme más personas se abrieron a experimentar técnicas de meditación, científicos de las universidades más diversas empezaron a interesarse por el tema. De modo que, a lo largo de las últimas décadas, numerosas investigaciones han indicado que la meditación tiene efectos positivos sobre la salud: Es un calmante natural que suaviza la experiencia subjetiva del dolor, y sirve para aliviar la depresión. Reduce la tensión arterial, el riesgo de diabetes  y de  infarto cardíaco. E incluso facilita la producción de anticuerpos, de modo que el sistema inmunológico resulta fortalecido.

Con todo ello, en nuestras latitudes,recién a principios de los años 1990  la imagen pública de la meditación empezó a mejorar. Fue el Dalai Lama,tal vez el líder espiritual más prestigioso del planeta, quien  emprendió una iniciativa que –tal vez sin querer- resultaría ser una estupenda estrategia de marketing. Junto a otros monjes tibetanos, empezó a cooperar con  neurocientíficos norteamericanos para verificar los efectos de la práctica Zen mediante técnicas de neuroimagen. Y, efectivamente: mientras los monjes practicaban el ejercicio diario, su cerebro desarrollaba actividades más allá de lo habitual.  Se incrementaba la emisión de ondas gamma, relacionadas con la agilidad mental y la memoria, y se intensificaba la actividad de las áreas cerebrales responsables de la empatía y de la sensación de felicidad.

Cabe mencionar que la meditación forma parte de las prácticas religiosas más diversas. De hecho, las técnicas meditativas y sus efectos son tan variopintas como las culturas de mundo. Así, los taoístas ejercen los movimientos suaves del Tai Chi para estimular la energía vital (o Chi) y su flujo por todo el cuerpo.  Los cristianos se arrodillan y hablan con dios para sentir su presencia y profundizar la confianza en lo divino. Y los budistas, por ejemplo, se sientan con las piernas cruzadas y centran la mente para buscar la experiencia de la sabiduría más allá del discurso racional.  Por otra parte, un estado meditativo puede surgir espontáneamente,y hasta inspirar ideas brillantes.Por ejemplo, al tomar una ducha, al mirar la puesta del sol o al disfrutar de una subida al monte. Son momentos que inducen la sensación del flow,  o “flujo”, ese estado también surge al meditar habitualmente, y añadiendo ingredientes como una respiración larga profunda  y el abandono a una actitud interior abierta y concentrada a la vez.  

Entrando al siglo XXI, la meditación cada vez  goza de mayor popularidad en occidente. Hoy día, puede desprenderse de las creencias religiosas y del esoterismo.  Y, en un mundo repleto de estímulos y prisas, satisface la necesidad de herramientas para afrontar mejor el estrés.   En consecuencia, más de una técnica de meditación  ha pasado a ser concebida como medida terapéutica para tratar las afecciones más diversas.

Meditando se abre la posibilidad de comunicarse con una fuente interior de energía y aguante. Se facilita la contemplación reflexiva y se entrenan actitudes mentales como la concentración o la empatía, y hasta puede inducirse un estado de éxtasis y placer, el samadhi, o nirvana. Pero los efectos de la meditación no sólo dependen de cada técnica en particular, sino que se producen en el contexto de las ideas y actitudes de quienes la practican. Así, la escuela del sufismo habla de “lidiar con la vida”,  los monjes Shaolin fusionan las ideas de la religión budista con las artes marciales de China y los sijes, o sikhs , por ejemplo, creen que su deber sagrado es defender a los débiles y proteger a los inocentes. Los hindúes, por otra parte, buscan dejar atrás el mundo material y conectarse con Brahman, la esencia de todo, que se encuentra en el universo entero. 

Los hijos de las flores del ´68, pioneros en popularizar las filosofías orientales en occidente,  soñaban con la paz mundial y con el amor libre. Y creían que esa utopía podría hacerse realidad al comunicarse muchos individuos con la mejor parte de su “Yo” mediante la meditación. Cabe duda, no obstante, de si las prácticas meditativas llegan a cambiar la personalidad de las personas, ya que las rigideces del carácter no se reblandecen fácilmente. Para poder modificar las creencias que están inscritas en nuestra coraza del carácter, y vivir tanto el propio ser como el entorno de una forma novedosa, es preciso adoptar puntos de vista que rompan esquemas. Ello supone adentrarse en terreno desconocido y, muy probablemente, necesitamos la ayuda incondicional y el apoyo empático de otros para atrevernos a dar semejante paso. En este sentido, quien se retira a un lugar recóndito, y se dedica a meditar durante toda la vida, tal vez tenga que renacer. Para seguir aprendiendo.



Flor meditativa

Fuente: Wikimedia Commons

Un Paradigma del Planeta Feliz

“El mejor medio para hacer buenos a los niños es hacerlos felices”, dijo Oscar Wilde. Pero, ¿qué es la felicidad? A esa pregunta, que desde siempre le preocupa al ser humano, la filosofía ofrece respuestas tan variopintas como las culturas del mundo. Así, ya en la antigua Grecia había posturas muy controvertidas respecto del tema. Mientras Aristoteles describió la felicidad como estado de autorealización ligado a la virtud, Epicuro propuso la búsqueda del placer, sobre todo espiritual. Y los estoicos opinaron que ser feliz supone ser autosuficiente y valerse por sí mismo sin depender de nada ni de nadie. La mayoría de las religiones, por otra parte, promete la felicidad mediante la unión con dios. De ahí que los cirstianos buscan la salvación, los musulmanes eligen el camino del creyente y los hindúes y budistas anhelan el Samadhi.

Con el paso del tiempo, la religión y la filosofía han venido a supeditarse a la ciencia en muchos ámbitos culturales. No es de extrañar, pues, que también la psicología y las neurociencias hayan empezado a estudiar las condiciones para ser, o sentirse, feliz.  En las últimas décadas, los investigadores han observado cuáles son los áreas cerebrales y los mecanismos hormonales relacionados con las emociones positivas, han medido las respuestas del cerebro a determinados estímulos y han realizado numerosas encuestas y experimentos.  Entre sus conclusiones destaca que, siempre y cuando las necesidades básicas estén cubiertas, las vivencias hacen más felices que la riqueza material. No obstante, uno de los pioneros de la Psicología Positiva, Martin Seligman, afirma que el término “felicidad” no es demasiado útil científicamente hablando. En cambio, propone los conceptos de la emoción positiva, la empatía con las personas y la entrega a las acciones que se realizan, así como ser consciente de su significado.  Una visión que ya se veía reflejada en una cita de Wilhelm Reich, psiquiatra y pionero de la sexología en los años 1930: “El amor, el trabajo y el conocimiento son las fuentes de nuestra vida. Deberían también gobernarla.”

Evidentemente, la busqueda de la felicidad es un motor importante de la actuación humana, de modo que incide también en las actividades económicas de una sociedad.  Sin embargo, para definir el grado de prosperidad de una nación, habitualmente se computan el producto interno bruto alcanzado y el crecimiento económico, ambos valores sumamente apreciados por la economía de libre mercado. Pero los tiempos cambian, y en los últimos años han surgido modelos que inlcuyen la felicidad en la lista de los indicadores del progreso. Destaca el Índice del Planeta Feliz (IPF), o Happy Planet Index (HPI), como único modelo que, además, considera la sostenibilidad al analizar el desarrollo de los paises. Califica la relación entre los recursos empleados y la huella ecológica por un lado, y el nivel de bienestar de las personas y la esperanza de vida por el otro. Según el creador del IPF, Nic Marks, el mayor logro de una nación reside en tener éxito creando vidas sanas y felices para sus habitantes, y que ese bienestar integral sea sostenible y posible en el futuro.  Los resultados del estudio, que en 2012 se realizó por tercera vez, da que pensar: en la lista de 152 países, EEUU se quedan en el puesto 115, España en el puesto 72 y Alemania en el puesto 56. Entre los diez primeros, por otra parte, figuran nueve países latinoaméricanos, ocupando Costa Rica el primer puesto por segunda vez consecutiva.

Desde luego, las estadísticas no pueden reflejar la realidad al cien por cien. Su resultado depende tanto del planteamiento de las preguntas como de la elección de los participantes de un estudio. No obstante, la creación del IPF podría marcar el punto inicial de un cambio de paradigma. Tal vez, en un futuro, la sobrevaloración del poder económico podría llegar a sustituirse por un mayor aprecio de la solidaridad, la cooperación y el intercambio. Y la sostenibilidad tan necesaria para hacer posible el bienestar físico, emocional y social a larga plazo podría cobrar la importancia que le corresponde.

A día de hoy, la visión que representa el IPF parece ser una utopía. El colectivo humano, que tan superior se ve a otras especies, aun no ha conseguido focalizar su inteligencia y sus habilidades en superar los problemas políticos, sociales, culturales y medioambientales del siglo XXI.  Todo lo contrario. Cueste lo que cueste, se mantiene el paradigma de la riqueza material como garante del bienestar. Paradójicamente, los omnipresentes esloganes publicitarios ya no describen los productos que alaban sino que hablan de vivencias positivas y divertimiento.

Dicen diversos investigadores que la felicidad se puede aprender.  Pero, ¿Quién nos puede enseñar a ser felices? Podríamos echar un vistazo al reino animal: Los monos Bonobo, por ejemplo, tienen un comportamiento social muy particular. A pesar de que su entorno natural se disminuya cada día por el tamaño de cuatro campos de futbol comparten su comida con extraños. Piden algo a cambio, eso sí: les encantan las caricias y los mimos. Y buscan estrategias para satisfacer ese deseo siempre que puedan. Un proceder inteligente, pues al compartir lo que tienen los monos Bonobo multiplican su felicidad .



Diseño: Matriot
Fuente: Wiki-Commons

La ilusión del fin de la propia historia

El presente marca el fin de nuestro desarrollo personal. Esa visión limitada, que cada día surge de nuevo,  parece ser una constante en la percepción de muchas personas.  Según un grupo de investigadores de la Universidad de Harvard, que entrevistó a más de diecinueve mil personas de todas las edades, nos resulta difícil prever los cambios de nuestra personalidad en un futuro. El estudio, coordinado por Jordi Quoidbach, planteó preguntas tan sencillas como “¿Cuánto pagarías para ver tu grupo favorito de música?” Comparó de este modo la percepción que los participantes tenían de su evolución durante la pasada década, de su estado en el presente, y de su supuesto desarrollo en la década venidera. Y llegó a la conclusión de que casi todos sucumbimos a la ilusión del fin de la propia historia. Así, hace diez años una persona habría pagado cien Euros para ver a Joe Cocker. Hoy, sin embargo, tan sólo estaría dispuesta a pagar cincuenta. Y dentro de diez años, posiblemente,  ya ni acudiría a su concierto.

Es común tener proyectos, deseos o anhelos, sean el trabajo fijo, el móvil más moderno o la pareja que compagina perfectamente. Pero no solemos preguntarnos si  lo deseado podrá satisfacer a la persona que seremos cuando por fin lo logremos.  Desde luego, sabemos que los gustos y las preferencias cambian a lo largo de los años. Pero nos resulta sumamente difícil predecir las influencias que incidirán en nuestra evolución personal. De modo que la mayoría de los entrevistados creía que, en el futuro, seguiría siendo la misma persona. Respecto del pasado, sin embargo, sí que se solían advertir todo tipo de cambios personales.

Cabe decir que esa incapacidad de prever el desarrollo personal no sólo está sujeta a la capacidad de contacto con el propio ser, o a la dificultad para reconocer las obligaciones y auto-exigencias que inciden en las decisiones que tomamos. También están las influencias sociales y las condiciones económicas. Y, desde luego, los mensajes mediáticos y publicitarios, que a menudo buscan inducir necesidades artificiales. ¿Quién hubiera pensado hace diez años que el precio de la vivienda volvería a bajar tanto? Con la llegada del Euro se había extendido una especie de euforia esperanzadora, e incluso muchos expertos en economía se aferraban a la fe en un crecimiento espectacular. Pero lo que creció fue la burbuja inmobiliaria, y la euforia pasó pronto a convertirse en angustia  colectiva. Tal vez por ello, casi nadie cuestionó  las condiciones descabelladas de los créditos hipotecarios, que llegaban a los cincuenta años de duración, y alcanzaban letras mensuales  imposibles de afrontar a la larga. Por un lado, la Ley de Hipotecas española mantenía bajo el riesgo para los institutos financieros. Por otro lado, para los clientes suponía  un factor de riesgo añadido: aunque el banco se apropiara de la vivienda en el caso de impago de la letra tendrían que seguir  pagando la hipoteca entera.

Sea en lo emocional, sea ante la situación social o económica: las experiencias del pasado son un condicionante fuerte de la actitud ante el presente y el futuro. Y como el miedo tiene una función protectora, y todo ser vivo lucha por sobrevivir, las vivencias que han inducido miedo o angustia tienen un poder particular. Ese mecanismo queda particularmente evidente en los momentos de crisis: una vez metido en el marrón, parece que nunca habrá salida. Sumergido en la desesperación del presente, el pensamiento catastrófico mata toda proyección constructiva, y la angustia ahoga la esperanza. Creándose así un círculo vicioso del que no se escapa fácilmente.

A la vez, toda crisis conlleva el potencial de provocar cambios, y hasta  transformaciones revolucionarias. Pero también podría reforzar la necesidad de mantener el estado actual, y la tendencia de apoyarse en aquello que promete seguridad y constancia porque siempre ha estado ahí.  En la fuerte crisis económica que estamos viviendo, de momento, lo más seguro es que las diferencias entre ricos y pobres seguirán aumentando, y lo más constante son las promesas engañosas de los tomadores de decisión política. Sin embargo, los cambios son posibles. Siempre ocurren, y siempre se promueven, transformaciones de la historia personal y de la historia social y política. La ilusión del fin da propia historia puede impedir que actuemos. Pero, más allá de las limitaciones y más allá del miedo al futuro, hasta podríamos apropiarnos de la historia. O, al menos, tomar un trozo de ella en nuestras manos.

Marea Ciudadana contra el golpe de los mercados

Iniciativa legislativa popular(ILP) de los Afectados por la Hipoteca (PAH)